jueves, 12 de febrero de 2015

La Redención del Karma


La Redención del Karma 

El conocimiento del ciclo vital descorre por completo el velo del más 

allá y destierra el fantasma del miedo a la muerte, dándonos la 

seguridad de que solo existe la vida como un fenómeno continuo. 

Pero éste conocimiento no elimina el dolor, el cual hace parte del 

proceso de aprendizaje de todos los seres humanos pues es una 

realidad el hecho de que en ésta vida no hay felicidad completa. El 

sufrimiento es el resultado del dolor físico, vital, emocional y mental 

y es un mecanismo purificador y transmutador. Nosotros 

aprendemos nuestras lecciones en la escuela de la experiencia a 

través de la comprensión de la Ley Natural y su aplicación 

práctica en actos concordantes en los principios universales, o 

también por la vía del sufrimiento cuando desconocemos la 

perfección de tal Ley. Este último es el llamado mecanismo del 

fósforo. Cuando deseamos encender una cerilla es necesario 

restregarla contra una superficie áspera donde se calienta y se 

destruye por el calor pero el resultado final es la luz que el fuego 

produce. Así mismo, el dolor se manifiesta por la fricción de 

energías mal canalizadas y trae como resultado el sufrimiento, 

después del cual surge la Luz interior que hace comprender al Ego 

que es duro el camino de transgresor de la Ley Cósmica y que es 

mejor actuar en consonancia con ella que ir en contra de la 

corriente. 

Las Leyes de la Naturaleza de que tanto hemos hablado, no son 

una serie de normas escritas en un código y dictadas por una 

deidad, así como la Ley de Gravitación no fue dictada por un físico 

caprichoso. 

La energía de cada plano tiene sus modos de vibrar, expanderse, 

contraerse, moverse, etc., y de la observación de la acción de tales 

energías se han deducido los Principios Cósmicos, así como el 

científico ha descubierto las leyes que rigen la materia por la vía 

experimental. Algunos seres más evolucionados trataron de 

aprender del Cosmos y comprendieron algunas de sus leyes las 

cuales aparecieron escritas veladamente en los códigos religiosos 

posteriormente. Tales seres iluminados y ayudados por las 

Jerarquías superiores se convirtieron en los antiguos guías de 

razas: Moisés, Mahoma, Krishna, Orfeo, Gautama el Buda, Rama, 

Jesús, etc. Las Leyes fueron dadas a la humanidad a manera de 

normas entregadas por Jerarquías porque la Mente joven de la gran 

masa no estaba preparada para concebir la inmensidad inteligente 

del Cosmos y era necesario mostrarle una divinidad 

antropomorfizada, más fácil de comprender para ellos. Los textos 

religiosos antiguos contienen 

verdades profundas, cosmogonías maravillosas e investigaciones 

cósmicas sorprendentes para aquel que sabe leer profundamente y 

con agudo intelecto intuitivo tras el disfraz de los mitos, leyendas y 

parábolas. 

Un conocimiento más profundo acerca de los ciclos vitales del ser 

humano nos permite acercarnos con reverencia a las antiguas 

revelaciones religiosas y ver, tras la aparente ley inflexible de la 

Deidad, una enseñanza maravillosa y prudente para llevar una vida 

sana y acorde con ciertos lineamientos cósmicos. El verdadero 

Caminante de la Senda Espiritual no hace o deja de hacer una cosa 

porque sea o no pecado. Jamás obra amedrentado por el fantasma 

del miedo a un castigo divino. Sólo actúa con plena consciencia de 

los modos de obrar del Universo y aprovecha la correcta dirección 

del flujo de las energías sutiles. Aquellos que temen al pecado o 

que ven con horror el Karma aún no han comprendido la sabiduría 

de la Ley de Equilibrio Universal y en lo profundo de su ser siguen 

creyendo que se trata del brazo justiciero de una deidad sin 

compasión. El Karma no es la venganza de los dioses sino la 

recolección de los frutos de nuestra pasada siembra. Somos 

generadores de causas y recolectores de efectos (lo semejante 

produce lo semejante y no podemos pedirle peras al olmo). 

Puesto que el Karma de cada ser humano no es el veredicto final 

de un juez inflexible, es completamente posible su redención, 

aunque muy pocas veces estamos dispuestos a pagar el precio 

necesario. 

El reconocimiento de la Ley, la aceptación, el propósito de 

enmienda, el arrepentimiento verdadero, el sacrificio voluntario, la 

restitución y el cambio a una vida de servicio desinteresado son los 

pasos necesarios. Primero, se requiere reconocer que existe la Ley del Equilibrio Universal 

así como las Leyes de la Naturaleza y que como parte integral del 

Cosmos estamos participando de ellas, consciente o 

inconscientemente. Dentro de nuestro proceso de aprendizaje 

estamos constantemente transgrediendo la Ley Natural debido a 

nuestra ignorancia. En cada encarnación estamos tan inmersos en 

nuestra personalidad que nos olvidamos de que somos seres 

espirituales para identificarnos con nuestras personalidades 

temporales. No distinguimos entre los apetitos de nuestros 

vehículos y las verdaderas necesidades del Ego en su sendero 

evolutivo, permitiendo que las propias energías de los templos que 

habitamos dirijan nuestras vidas en lugar de ser nosotros quienes 

las sometemos a nuestra voluntad. 

Caemos constantemente en el error, el cual hace parte del proceso 

de aprender, y cada transgresión es corregida por la infinita Ley 

Kármica que solo quiere mostrarnos siempre la manera correcta de 

hacer las cosas. Tanto los seres que obran mal como los que obran 

bien finalmente comprenden, pues a cada cual se le devuelven las 

energías que emitió o removió en cada mundo. Si se obra con 

bondad, el resultado será un flujo favorable de fuerzas que trabajan 

de parte del individuo (éste es el Darma). Si se obra mal el 

resultado será el sufrimiento purificador después del cual vendrá la 

Luz. Son dos maneras diferentes de aprender, y cada ser humano 

elige la opción que mas le guste. Es increíble cómo la mayoría han 

preferido el camino del sufrimiento. Tal vez se deba a que el 

resultado del mal obrar no siempre aparece en forma inmediata y a 

lo mejor ésta es una medida del Cosmos para que nuestro libre 

albedrío no esté coaccionado por el temor. Solamente cuando se 

mira con reverencia la obra del Autor Divino y se aprecia que el 

Universo es un Ser inteligente, se aprende por la vía de la 

comprensión, pues tenemos la certeza de que la providencia lo ha 

hecho todo mejor que nosotros y lo que debemos hacer 

simplemente es observar de qué manera funciona el Cosmos para 

evolucionar como él. Hasta que esta consciencia no llega, el ser 

humano es solamente un títere de múltiples fuerzas y un esclavo de 

sus apetitos, siendo incapaz de ver más allá de la punta de su nariz. 

En tales condiciones, es imposible redimir el Karma. 

El segundo paso es la aceptación de que nosotros mismos no 

somos inmunes a los efectos de las Leyes Naturales y que cada 

acto de nuestras vidas, querámoslo o no, está gobernado por ellas. 

Es necesario aceptar que, si el Universo es perfecto cada 

experiencia que nos trae sufrimiento obedece a un acto de justicia 

ya que en el Cosmos no existe el desorden ni la imperfección. Para 

comprender esto tenemos que mirar más allá de esta encarnación, 

hacia el pasado y hacia el futuro, aceptándonos como parte de la 

colectividad humana en proceso de evolución. Si algo nos causa 

esa fricción espiritual que llamamos sufrimiento, lo más probable es 

que tenemos algo por aprender de esa manera y que en el pasado 

obramos mal con respecto a esa vivencia. Todo lo que nos es 

quitado no lo merecemos y todo cuanto no es dado es una 

devolución por nuestro trabajo cósmico, pues el Universo va 

cediendo la administración de sus bienes y energías de acuerdo 

con el grado de evolución de cada ser, para evitar una catástrofe 

causada por la inconsciencia del ignorante. La sentencia bíblica es 

una realidad: "a todo aquel que tiene se le dará, pero al que no 

tiene, se le quitará aún de lo que posee". Si aspiramos a algo y no 

podemos encontrar el camino para obtenerlo es porque tal vez no 

es el momento apropiado, y si lo tomamos por la fuerza en el 

mañana seremos despojados. En el orden cósmico no puede existir 

la buena o mala suerte. Este popular concepto es tan solo una gran 

falacia fatalista que debe ser sepultada por aquel que aspire a 

redimir su Karma. No hay ninguna casualidad. Ningún azar es 

posible. 

Si ahora llevamos una vida de rectitud y tenemos sufrimiento, es 

por que en el pasado no la llevamos así y tenemos que 

enfrentarnos a nuestros errores de ayer. La existencia postmortem 

puede haber sido muy fructífera y permitirnos un elevado estado de 

consciencia pero la cancelación de las deudas aún está pendiente. 

Casi nunca es verdad que llevamos una verdadera vida de rectitud 

porque somos incapaces de ver dónde están muchas de nuestras 

fallas y no queremos aceptar que las tenemos. Sólo aquel que ha 

alcanzado el conocimiento total de las leyes de los planos en los 

cuales estamos evolucionando y que las aplica en la práctica se 

verá libre del sufrimiento Kármico. Cuando esto suceda ya no será 

necesario renacer. Si estamos encarnados, ésta es la más segura 

prueba de que aún tenemos mucho que aprender aquí y los seres 

que están a nuestro alrededor hacen parte de éste proceso y 

representan diferentes facetas de nuestro ser interno que tenemos 

que reconocer, afrontar, transformar y aprovechar. 

Después de la aceptación de que somos falibles y lo hemos sido en 

el pasado y de que debemos responder por nuestros antiguos 

errores, tenemos que alimentar un firme propósito de enmendar 

nuestras faltas, llenándonos de un enorme deseo de quitar la venda 

de nuestros ojos para ver la realidad del Cosmos. Debemos anhelar 

profundamente la sabiduría que nos capacita para descubrir dónde 

están tales fallas y cuál es el verdadero camino, pues no podemos 

evolucionar en la ignorancia. Pero como realmente no podemos 

devolver el tiempo y deshacer las causas generadas, a lo sumo 

podemos aspirar a dar una compensación justa a los seres a 

quienes hicimos daño, no con el ánimo de pagar un precio material 

por un error espiritual sino con el deseo interno de brindar amor sin 

esperar recompensa alguna. Reconocer que hicimos daño puede 

ser fácil, pero devolver lo que no nos pertenece en los planos 

Físico, Emocional y 

Mental es difícil. Sin embargo es necesario que lo hagamos pues de 

todas maneras el Universo nos despojará de todo aquello que no 

nos corresponde. A veces no podemos restituir en una misma 

encarnación el amor, la paz, la libertad, el dinero, la honra o la vida 

que quitamos a otros pero debemos abrigar el propósito de hacerlo 

cuando la Providencia Divina nos haga posible un futuro encuentro 

pues todos los seres, amigos o enemigos, se reencontrarán alguna 

vez en algún lugar del Universo. El deseo de restituir trae 

necesariamente la consciencia de haber obrado mal y el 

arrepentimiento verdadero el cual no consiste en una constante 

autoacusación y recriminación sino en una decisión absoluta e 

irrevocable de no volver a caer en la falta cometida. El que 

verdaderamente se arrepiente perdona a quien le hizo daño y se 

perdona a sí mismo y comprende que este perdón no es la 

cancelación de la deuda sino el reconocimiento de que se causó un 

daño y se va a reparar por la Ley de Equilibrio Universal, pues 

perdonemos o no, la falta será cobrada a menos que sea cancelada 

por un sacrificio de compensación prestando servicio amoroso y 

desinteresado. El verdaderamente arrepentido no guarda ningún 

resentimiento contra ninguna criatura (y así se desliga 

Kármicamente de ella) y no vuelve a cometer el mismo error. 

Reconoce que obró mal y decide de una vez y para siempre actuar 

con rectitud en el futuro. Tal decisión va acompañada de una actitud 

de sacrificio que consiste en la reorientación de las energías que se 

usaron para hacer el daño, hacia otra positiva dirección. Esto no 

debe convertirse en una supresión de apetitos, una lucha 

empecinada en no dejar salir al exterior nuestros deseos inferiores. 

Esto es un error. El verdadero sacrificio está en poner a trabajar 

para el bien las fuerzas que antes usamos para el mal. Cada vez 

que aparezca a flote nuestro deseo de reincidir, debemos 

convertirlo en impulso constructivo en el plano Físico. Vital, 

Emocional o Mental. Para esto se requiere el ejercicio poderoso de 

la Voluntad, del Amor - Sabiduría y de la Acción. En este paso del 

camino de redención puede surgir un inconveniente: si el Karma 

viene de una vida anterior, el individuo no recordará 

conscientemente el daño que hizo y puede estar desorientado en 

cuanto al objeto de su arrepentimiento, especialmente si hizo un 

buen trabajo postmortem y ha afianzado en su consciencia un gran 

impulso hacia el bien. Es aquí donde a muchos les cuesta trabajo 

aceptar que se equivocaron en el pasado. Esta es un difícil escollo 

que hay que salvar y aquí la astrología espiritual puede acudir en 

nuestro auxilio, pues ella revelará en forma precisa las causas 

ocultas de cada experiencia de nuestras vidas. La verdadera 

ciencia astrológica muestra al individuo el Karma que ha cosechado 

y cuáles fueron las semillas sembradas. Así, el sujeto sabrá de qué 

arrepentirse. 

El paso siguiente es la restitución, la cual es aún más difícil y a 

muchos les parece que es imposible. Sin embargo, el devolver lo 

quitado es algo que nos toca a todos ya sea en esta vida o en sie*e 

más adelante pues la Ley de Causalidad es infalible. El apresurar el 

proceso es la clave de la redención del Karma. Muchas veces 

sucede que los seres a quienes hicimos daño o despojamos de sus 

bienes, de su tranquilidad, de su amor, de su libertad, etc., no están 

presentes o no están dispuestos a permitir que nos les acerquemos 

porque desconfían de nosotros o no quieren perdonarnos. Es 

entonces cuando debemos recordar que si hacemos daño a alguien 

estamos faltando a la Vida Una presente en cada ser y que el amor 

necesario para la restitución podemos brindarlo a esa sublime 

existencia presente en todo ser humano. Si odiamos a una persona 

podemos ahora amarlas a todas. Si robamos a alguien podemos 

volvernos generosos con los que necesitan lo que ahora tenemos. 

Si quitamos la vida a alguien podemos ayudar a que otros vivan. Si 

quitamos a la gente su tranquilidad, paz, alegría, tiempo, salud, etc., 

podemos dar a la humanidad 

entera todas estas cosas. Sin embargo, si podemos hacerlo con 

quien cometimos la falta es lo mejor pues no podemos eludir a 

nadie ya que el Universo se encargará de que lo reencontremos 

alguna vez para reanudar los lazos antiguos. El orgullo debe caer 

por el suelo sin permitir que seamos mancillados. En el fondo, todos 

los seres están dispuestos a perdonarnos porque el Amor habita en 

la consciencia superior de cada hombre. 

La restitución debe llegar hasta haber hecho todo lo posible y aún 

algo más para compensar el mal hecho o devolver lo quitado a 

otros o a sí mismos. Como muchas veces es imposible una 

completa restitución dentro de una encarnación, una vida de 

servicio amoroso y desinteresado a los demás demostrará nuestras 

verdaderas intenciones de cambiar. Sin embargo, no es la 

cancelación del Karma lo que debe motivarnos a servir pues habría 

un interés de por medio, sino el despertar de la Divina Fuerza del 

Amor latente en nuestro interior y el reconocimiento de la unidad de 

cada uno con todos para la Fraternidad Universal, pues el servicio 

verdadero está lejos de todo interés egoísta. El servicio interesado 

es solo un canje y no está motivado por un verdadero deseo de dar 

de sí mismos. 

A menudo se cree que cuando tenemos tras de sí un gran Karma, 

especialmente si es de Destino Maduro, una gran obra reconocida 

mundialmente y que esté al alcance de toda la humanidad debe ser 

hecha para redimirlo. Esto no es cierto. Lo que sí es verdad es que 

debe realizarse una gran transformación interior que permita que 

nuestro amor fluya hacia toda criatura que se acerque a nosotros, 

que nuestra conciencia busque la Conciencia Universal, que 

nuestra vida se realice de acuerdo con las Leyes Naturales, que 

nuestro corazón logre el olvido del resentimiento por todo agravio, 

que nuestro ser entero luche por la verdadera 

libertad de los demás y de sí mismos, que nuestros deseos 

inferiores sean transformados en virtudes edificantes. La verdadera 

redención del Karma implica edificantes. La verdadera redención 

del Karma implica caminar por el Sendero de Perfección, el cual es 

la vía de la Divina Pureza que conduce a la Santidad. 

Quienes han hecho daño a muchos seres harán bien en promover 

obras que beneficien a las masas, y quienes han hecho daño a 

pocos harán bien siendo servidores de las minorías. Todo depende 

de cuánto amor hemos desarrollado y cuánta capacidad tenemos 

para dar. Quienes pueden hacer grandes obras apresuran su 

liberación pero también lo hacen quienes realizan los pequeños 

servicios que les parecen tediosos a otros. A veces estos pequeños 

servidores son realmente los más grandes, pues como dijo el Divino 

Maestro: "Quien quiera ser el primero sea el último y el servidor de 

todos". Muchos que hicieron grandes obras para transmutar el 

Karma pasado se hicieron acreedores a otro al ser arrastrados por 

el deseo del reconocimiento a su labor o por el orgullo de la fama, 

en tanto que otros que pasaron inadvertidos alcanzaron grandes 

logros espirituales. 

La clave de la transmutación Kármica está en la transformación 

interior y no en la represión de los deseos inferiores. Todo aquel 

que desee liberarse de un Karma de destino maduro deberá cumplir 

este requisito y cambiar el impulso de la naturaleza animal por el de 

la Divina Pureza. De lo contrario, la lección debe continuar pues las 

fuerzas de los rayos planetarios serán superiores a sus energías 

áuricas y el individuo sucumbirá ante la fuerte presión. Por eso, la 

experiencia muestra que casi siempre el destino maduro no puede 

ser eludido, pues la naturaleza inferior no ha sido subyugada y el 

Ego debe aprender por la vía del sufrimiento para encontrar su 

propia luz. 

Vemos por todo el mundo el látigo del dolor azotando las vidas de 

millones de seres sumidos en una gran ignorancia de las Leyes 

Naturales o haciendo caso omiso de ellas con una sonrisa de 

desdén. El Karma cae por igual sobre pobres y ricos, sabios e 

ignorantes. No hay indulto para nadie. La Ley Universal es infalible. 

Solo el conocimiento puede quitar la venda de los ojos de la 

humanidad para desarrollar en el corazón del hombre el divino 

manantial del Amor a través de la fe, la cual no es otra cosa que 

conocimiento interno aplicado y no creencia ciega como afirman 

algunos religiosos. 

Muchos desean dejar de sufrir pero sin hacer nada por cambiar sus 

vidas. Por el contrario, siguen transgrediendo la Ley Natural y 

acumulando más sufrimiento para el mañana. Por eso, no es de 

extrañar que casi todos los seres humanos sufran enfermedades 

físicas o en el campo emocional y mental. La Tierra misma está 

contaminada con los miasmas del dolor y muchos Egos vienen a 

cancelar deudas bajo destino maduro. Es el duro camino del 

transgresor. Por eso, nacen muchos bebés con enfermedades 

congénitas y existen muchos seres con males casi incurables y no 

es precisamente por un vano capricho de la Divinidad. Es duro 

decirlo pero es la obra de la Justicia Universal la que ha hecho que 

convirtamos nuestro planeta en un valle de lágrimas al quebrantar 

la Ley. Solamente el vivir una vida espiritual de pureza y Santidad 

hace posible la redención del Karma y el que nos labremos un 

mejor mañana, pues de nuestras obras actuales podemos deducir 

el futuro que nos espera ya que cada ser humano es el Arquitecto 

de su propio destino. Viviendo existencias virtuosas, algún día todo 

el Karma pendiente será cancelado y podremos aprovechar el 

Darma que hace que las divinas fuerzas cósmicas trabajen a 

nuestro favor. Debemos recordar sin embargo que llevamos 

muchas encarnaciones transgrediendo la Ley Natural y que debido 

a esto probablemente tenemos mucho Karma acumulado. 

Nadie espere cancelar todas sus deudas con el destino en unos 

pocos meses a menos que su obra de amor pudiera redimir a la 

humanidad entera. Hoy en día, muchos especuladores ofrecen 

técnicas para borrar las deudas del pasado como si fuera muy fácil; 

no existe ningún método diferente al de hollar el Sendero de 

Perfección que pueda eludir la Ley de Causalidad, de la cual serán 

reos todos estos vendedores de ilusiones. 

El arrepentimiento verdadero de los malos actos cometidos en esta 

encarnación tal como se plantea en esta obra, es un procedimiento 

que borra del Átomo Simiente la memoria de tales actos, de tal 

manera que las escenas correspondientes no aparecerán en la fase 

purgatorial en la vida postmortem. Si constantemente estamos 

revisando nuestro diario acontecer no tendremos que vivir un 

purgatorio al morir pues la esencia de rectitud derivada será 

asimilada por el Espíritu durante la encarnación. Si igualmente 

valoramos continuamente nuestras buenas acciones, sin dejarnos 

llevar por el orgullo, y extraemos la esencia del bien realizado 

aportando nuestras energías del desarrollo de la virtud, estaremos 

viviendo nuestro Cielo en la Tierra y acortaremos el tiempo entre 

cada dos existencias pudiendo disfrutar de la oportunidad de vivir 

más prontamente encarnaciones terrenales que nos traen un gran 

desarrollo del Amor, Sabiduría y Poder espirituales. 

Cada noche, al terminar nuestra faena, podemos repasar nuestros 

actos del día en orden inverso de como sucedieron y revivir la 

experiencia de ellos, siendo conscientes del buen o mal manejo de 

nuestras energías, de acuerdo con las leyes cósmicas. Si hemos 

obrado bien, nos reafirmaremos en la bondad, y si hemos obrado 

mal, corregiremos nuestros patrones de comportamiento para no 

recaer en el mañana. Este ejercicio de retrospección es equivalente 

a una experiencia postmortem día a día y es de una ayuda 

valiosísima en el Sendero Espiritual. Es necesario sin embargo que 

no se convierta en una hábito monótono de recordar sino que exista 

la suficiente intensidad de sentimiento para incorporar la esencia de 

rectitud en la memoria supraconsciente del espíritu. Si hacemos 

esto todo los días, seremos cada vez individuos con más luz 

espiritual y nos ahorraremos muchísimos años de sufrimientos en la 

tierra y en el más allá. Quienes hagan esto con verdadera concien- 

cia, al morir irán directamente al Segundo Cielo y tendrán allí una 

vida más provechosa. Este ejercicio científico sirve para transformar 

nuestras vidas a partir del momento en que comencemos a hacerlo 

pero muchos pueden preguntarse qué hacer con los hechos 

acaecidos antes de conocerlo. 

Para esto, existe un ejercicio espiritual que el autor ha dado en 

llamar la Meditación de la Muerte y que puede ayudar en gran 

medida con los actos pasados. Para esto, el individuo debe buscar 

un lugar donde pueda permanecer solo, sin ser interrumpido 

durante cierto tiempo y dónde pueda disfrutar de tranquilidad. Un 

retiro en el campo, en contacto con la naturaleza, sería ideal. Una 

vez dispuesto, el sujeto debe suponer que ha llegado la hora de su 

muerte y vislumbrar el Panorama de la vida que ha vivido, haciendo 

un esfuerzo por recordarla al máximo posible y en orden inverso de 

como ocurrieron los hechos. Posteriormente, debe analizar 

nuevamente cada acto donde obró mal y vivir con toda intensidad 

de sentimiento una experiencia purgatorial que le permita sentir en 

carne propia el mal causado a otros, lo cual debe ser seguido de 

todo el proceso de arrepentimiento anteriormente descrito. Luego, y 

siguiendo el mismo orden inverso, el individuo hará otro tanto con 

sus buenas acciones, y efectuará un balance total de la vida que ha 

tenido hasta el presente, mirando de los efectos a las causas e 

incorporando en su conciencia la esencia de rectitud. La meditación 

de la muerte puede durar varios días y hacerse en varias etapas pero 

siempre preferiblemente solo pues equivale a la experiencia de la 

muerte. Para hacerla bien es conveniente prepararse previamente 

intentando hacer un ejercicio de retrospección semanal, mensual y 

anual. Cuando se tenga cierta práctica se puede intentar la 

meditación total, la cual será de gran valor. Muchas personas que la 

han hecho correctamente han visto reorientar sus vidas gracias al 

grado de conciencia alcanzado, y realmente muchísimas de las 

escenas son borradas del Panorama de la vida en el Atomo 

Simiente. Es necesario recalcar que no basta recordar. Es 

necesario revivir y tener conciencia de cada acto o de lo contrario 

será una pérdida de tiempo. Si el ejercicio se hace bien, se 

experimentará un verdadero renacimiento espiritual y se habrá dado 

un paso más en la redención del Karma. 

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del libro  "El Misterio de la Vida:  Antes y después de la muerte"
José Vicente Ortiz Zárate

digitalizado por JMF12-2-15

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