miércoles, 11 de febrero de 2015

El sendero espiritual: La vida verdadera y el triunfo sobre la muerte


El sendero espiritual:
La vida verdadera y el triunfo sobre la muerte

    El conocimiento espiritual de la Vida Planetaria, Solar y Cósmica demuestra que la muerte no existe realmente en el sentido que ha sido concebida por la masas humana. Sólo hay cambio y transformación constantes y un fluir continuo de la vida en todo instante y en todos los seres.  La evolución es un movimiento continuo en todos los planos y el aniquilamiento total no existe para ningún ser, pues todos viven en la eternidad del cosmos.   Sólo la venda de la ignorancia y la ceguera espiritual han creado el fantasma del miedo a la Parca y el gigantesco espectro de la muerte.  ¿Acaso puede existir la aniquilación dentro de la Vida Una?.  La unidad del Todo es indestructible.  Las formas perecen solo aparentemente en un proceso constante.  Es la creación en su obra infinita.

    El hombre nace y muere en cada encarnación porque el Espíritu Verdadero, La Chispa de la Llama Divina que es, pertenece a la profundidad del Cosmos, y en el mundo Denso hay una escala de vibración que lo aprisiona.  El Ego es la mariposa y el cuerpo su capullo.  La muerte es el vuelo de la Libertad.  ¿Cual es entonces el objetivo de una vida?.  Indudablemente que no es el de adquirir poder, fama o fortuna.  Tampoco es el de encontrar un pareja ideal.  Todas estas cosas con perecederas, son las simples vanidades de éste mundo que no van allá del último suspiro. El verdadero sentido de la vida humana es la transformación espiritual de las facultades divinas latentes, en poderes dinámicos, para convertirnos  en creadores cósmicos.  La investigación espiritual nos dice que para esto son nuestro poder interior, el cual se logra mediante la expresión verdadera del Amor Universal.  El primero es el camino del Sabio, el segundo el del Místico, y en la unión de los dos está la clave de la felicidad.

    Pero la gran mayoría de los humanos no buscan cultivar grandes ideales.  Todos sus sueños son la gloria, de enriquecimiento material, de querer ser los primeros más que los mejores, de placeres, de amores egoístas, de vana sensualidad.  Pocos son los que buscan un crecimiento anímico.  Vemos por doquier a las gentes inmersas en los papeles que representan en este escenario de la vida, cristalizados en su personalidad, como si el mundo no existiera más allá de tres dimensiones.  Todas sus energías están puestas en mantener sus empleos, sus riquezas, sus seres queridos.  El miedo les acompaña en todo instante  (la proliferación mundial de las compañías de seguro es una prueba de esto).  La humanidad vive constantemente preocupada por el mañana y se ha perdido la fe en la Divina Providencia que da a cada cual lo que necesita para su evolución.  Aún vivimos llenos de apegos a todas las cosas y a todos los seres.  Los que no temen a su muerte sí lo hacen ante las de sus seres queridos porque no han logrado desprenderse verdaderamente del patrón mental de aniquilación y aún creen inconscientemente que la vida puede ser arrebatada.

    Aún vemos a los llamados deudos vestirse de luto para ahondar su propia tristeza y angustia con un ropaje oscuro que en nada beneficia a los que partieron y sólo contribuye a ensombrecer sus vidas.  Aún vemos los cementerios llenos de personas que reverencian a los cadáveres en descomposición de sus antiguos familiares, porque en su ignorancia confunden los espíritus con los cuerpos.  Grandes traumas han sido ocasionados en muchos individuos ante la muerte de los seres cercanos.  Mucho hay que trabajar aún en el campo de los apegos terrenales.  La ambición ronda sin medida como en el tiempo de los atlantes y el egoísmo la sensualidad y la materialidad está a la orden del día en las vitrinas, espectáculos y medios de comunicación, invitando a la humanidad a la satisfacción de sus apetitos y no al crecimiento anímico.   Los sistemas sociales impuestos impulsan a los humanos desde niños a ir a la cacería de una profesión, de una "buena posición", de una fortuna, del poder o de la fama.   El resultado es lo que vemos actualmente.  Las gentes van atropellándose en el sendero de la existencia, arrollando al que se cruce en su camino con tal de alcanzar sus banales sueños o convirtiendo sus vidas en un espectáculo grotesco con tal de alcanzar el pináculo de la popularidad.  Hay poca o ninguna conciencia de la vida y mucho menos de la muerte.  En los funerales vemos tal ceguera en el llanto inconsolable y en los rostros deshechos, donde muchos quisieran que el que murió no hubiese partido. 

    Muchos anhelan la medicina mágica que pueda salvar al que agoniza o la pócima secreta que pueda prolongar la vida eternamente.  Pero nada de eso ha sido logrado por la humana ciencia, ni será alcanzado por aquél que no logre el desarrollo espiritual suficiente.   La inmortalidad del cuerpo es el sueño de muchos aprendices de magos, alquimistas y poetas, pero tal vez para el Iniciado en los misterios de la vida es algo más que un enigma, pues la victoria sobre la muerte puede ser realmente alcanzada y es uno de los objetivos del desarrollo evolutivo humano a cumplir, cuando hayamos llegado al final de este ciclo terrestre.

    El cuerpo físico responde constantemente a los impactos del mundo Mental, Astral y Vital, y son estas fuerzas las que permanentemente producen transformaciones en él.  Si existiera una armonía completa entre todas estas energías, el vehículo denso permanecería en perfecto estado de salud y solo podría ser abandonado cuando lo deseara la voluntad humana.  Sin embargo, aún estamos lejos de alcanzar tal equilibrio y los cuerpos Astral y Mental están destruyendo los tejidos físicos en tanto que el Etérico trata de reconstruirlos.  Además, nuestro excesivo enfoque de la conciencia en el plano material y la expresión contante de bajas pasiones emociones y sentimientos, hace que se produzca una cristalización rápida de la estructura, con lo cual los órganos se vuelven menos plásticos y más frágiles, produciéndose un envejecimiento y deterioro de la máquina corpórea.  El mal manejo de energías produce bloqueos en los canales vitales de conducción y la represión emocional ocasiona densificaciones quísticas y tumorales. La inconsciencia en el campo de la alimentación produce además un constante estado de intoxicación que contribuye a minar el augusto templo del espíritu.  El sistema vive en un continuo esfuerzo por depurarse consumiendo una gran cantidad de Éter Químico del cuerpo Vital y el abuso de la función sexual demanda trabajo para el Éter de Vida el cual debe ser repuesto.  Esto hace que una gran cantidad de estos dos éteres inferiores hagan parte de la mayoría de los cuerpos etéricos humanos, en detrimento de los ésteres superiores y permitiendo muy poco crecimiento anímico pues la falta o escasez de Éter Luminoso y Reflector incapacitan la correcta expresión del espíritu y la percepción de experiencia desde el plano Físico.

    La durabilidad del vehículo Denso disminuye con cada exceso de la comida, con cada alimento indebido, con cada abuso de la fuerza sexual (cada vez que la usamos sólo para gratificar los sentidos y no para la procreación).  Acortamos nuestra vida con todos los vicios, con el exceso de trabajo, con la exposición de la contaminación química electromagnética y radioactiva, con cada emoción no controlada y mal regulada, con cada pensamiento indebido y con cada acto en contra de las Leyes de la Naturaleza o fuera del ritmo Cósmico.

   
Antes de pretender alcanzar la divina inmortalidad, el hombre debe obtener y aplicar el conocimiento de las leyes universales en todos los planos, para vivir en armonía con ellas.  Ese es el duro y lento trabajo de la evolución en la Tierra.  El hombre debe conocer a cabalidad sus cuerpos y sus energías, y dominarlas sometiéndolas a una sabia voluntad.  El tiempo requerido para este trabajo es muy largo en condiciones normales, para el individuo que se contenta por ser uno más del montón, pero puede reducirse considerablemente a través del proceso de iniciación espiritual al cual se llega mediante una vida de rectitud, servicio, amor, pureza y santidad.  El recorrer este camino se le llama vivir una vida espiritual verdaderamente y lograrlo se necesita conocimiento y Amor Universal.

    Cuando se tiene la conciencia del proceso vital humano, cuando se comprende intuitiva y racionalmente el misterio de la vida y de la muerte, cuando se alcanza el conocimiento del Plan o por lo menos se tiene una idea estructurada del desenvolvimiento evolutivo de la Vida Planetaria, entonces la existencia terrenal cobra vida verdadera y se transforma en un sendero de búsqueda interior donde los apetitos y apegos materiales son reemplazados por elevados ideales.  La vida se convierte entonces en una maravillosa y continua experiencia de aprendizaje cósmico donde el sufrimiento kármico es mitigado por el valor que da la comprensión de los misterios y dónde el dolor deja de ser un látigo para convertirse en un Maestro.

   Aquel que vive bajo principios universales deja de desear riquezas, figuración, reconocimiento, placeres, poder y fama porque quien ama la sabiduría desecha lo inútil, lo vano del mundo.

      Como grandes triunfadores del ciclo vital, los Iniciados existen en todo el mundo y son los llamados pioneros de la evolución.  Su camino los conduce al Adeptado donde se alcanza el Poder del Verbo que permite ser creador en el mundo de la materia y en otros planos sutiles.  El Adepto es capaz de construirse un nuevo cuerpo físico cuando lo desee, sin necesidad de renacer como bebé y domina las leyes del mundo Denso completamente.  Alcanzar tal poder y tan grande triunfo sobre la muerte implica recorrer un camino arduo, disciplinado, de sacrificio, pero igualmente bello en sí mismo, donde el hombre debe despojarse de sus bajos instintos, de orgullo, vanidad, egoísmo, criminalidad, rencor, envidia, avaricia, lujuria, ira, venganza, gula, etc., abandonando para siempre tal escoria, confiando en la Divina Providencia y buscando las Señales de la Vida.    

    El camino comienza con la curiosidad intelectual o con el desarrollo de la mística, sin caer jamás en el fanatismo que vela la verdad y la reduce a un estrecho margen, impidiendo la amplitud de consciencia.  Es el deseo interno del Espíritu que lucha por liberarse del grillete de la ignorancia y de la insensibilidad espiritual.  Luego viene la disciplina alimenticia, vital, emocional y mental, donde el hombre desarrolla el principio del Amor, la sana alimentación, el respeto total por la vida animal que lo lleva al vegetarianismo, la tolerancia, la templanza, la paciencia, el valor, la caridad, el cultivo de pensamientos nobles y sentimientos sublimes.  Tal tarea espiritual implica una transformación absoluta que derriba las barreras sociales, culturales y pseudo-religiosas, y donde el ser humano aprende a confiar en la Sabiduría del Universo y se inclina por el servicio a la Raza, cuidando de que cada acto, sentimiento o pensamiento sean constructivos, amorosos, libradores, transformadores, de tal manera que su Karma va siendo cancelado por comprensión liberando poco a poco al individuo del sufrimiento al sembrar nuevas semillas que le permitirán en el futuro cosechar un Darma favorable, pues sabiamente va construyendo su destino.

    Posteriormente viene el periodo de Probación donde se comprueba si el individuo ha dominado su ambición, sus apegos, sus ansias de poder, su orgullo, su egoísmo, y sólo desea ser un servidor de la humanidad, uno que dirige y aplica sus fuerzas en aras del bien.  También se comprueba si cultivó el valor, la fortaleza interior, el amor que construye, la sabiduría y la voluntad.  Si no ha sido así, nuevos trabajos esperan al aspirante.  Si lo ha logrado, es aceptado como discípulo en los planos internos en una Orden de Misterios adaptada a su nivel de evolución, y gana el derecho a tener acceso a la Memoria de la Naturaleza.  El Discípulo alcanza la Iniciación, la cual es una experiencia interna, individual, única, que lo identifica plenamente con su realidad espiritual y lo hace reencontrarse con la Senda perdida, dándole la consciencia de los planos internos, de las Jerarquías que los habitan, de las fuerzas espirituales que están tras el movimiento de cada partícula del Cosmos.  El Iniciado sigue varios grados de investigación directa hasta alcanzar el nivel  de desarrollo evolutivo que tendrá un ser humano cuando la Tierra culmine su última encarnación en el plano Físico, dentro de millones de años. Este proceso puede llevarle varias vidas, pero al final alcanzará el Adeptado y posteriormente las Iniciaciones Mayores, que lo capacitan para desarrollar las facultades que esperan a la humanidad en futuros periodos evolutivos.  El Iniciado rompe el avance en espiral y avanza directo hacia arriba ahorrándose mucho tiempo pero empleando todas las energías de su vida para hacerlo.  El Adepto puede verdaderamente cantar como el salmista:  "¿Dónde está oh muerte tu aguijón y dónde oh sepulcro tu victoria?".



    La vida espiritual es la existencia verdadera y el triunfo sobre el espectro de la muerte.  Las Ordenes de Misterios que funcionan en el plano Etérico son las depositarias de las divinas verdades acerca de la vida del Cosmos.  Algunas tienen escuelas en la Tierra, llamadas Fraternidades, las cuales imparten las primeras enseñanzas acerca del Sendero, pero que quede bien claro que las Ordenes de Misterios no funcionan en el Mundo Físico Denso y que las que pretenden ser verdaderas escuelas contactadas y buscan miembros vendiendo cursos y lecciones a cierto precio no lo son realmente.  Los Maestros verdaderos  son Hermanos Mayores, Iniciados de alto grado y ellos jamás buscan a nadie.  Todo el que desee ponerse en contacto con ellos debe ganarse el derecho a encontrar el Sendero mediante una vida de rectitud.  El viejo aforismo dice:  "Cuando el alumno está preparado aparece el Maestro y sólo entonces".  Esta es una realidad y nadie debe temer ser descuidado.  Las Ordenes de Misterios no publican avisos en los medios de comunicación para invitar a nadie.  Solamente quien ha hecho méritos encontrará la instrucción en su camino y nadie más, y sólo el que ha hecho el trabajo de vivir una vida espiritual merecerá la Iniciación, y encontrará a su Maestro, el cual aparecerá necesariamente en los planos internos.  Si alguien encuentra un hombre sabio, no debe confundirlo con él.  Es posiblemente un Instructor, un ser que dedica su vida al desenvolvimiento espiritual y que ha tomado la noble tarea de iluminar las mentes y los corazones de los hombres y que puede brindarle alguna ayuda en la capacitación necesaria para hallar al Maestro.  Es verdad que existen Hermanos Mayores encarnados, Iniciados de alto grado y Adeptos viviendo vidas terrestres con fines humanitarios, pero éstos nunca se revelan como tales.  Su identidad real está velada y por eso, el alumno sólo encontrará al Maestro en los planos internos.  Allí lo verá en el cuerpo Etérico y el tendrá  el poder de comunicarse transmitiendo a la mente cuadros exactos con las escenas reales de lo que quiere dar a conocer.  El aspirante no debe auto-engañarse ni dejarse embaucar por "voces externas" que pretenden ser sus guías.  Lo más probable es que sean Espíritus del bajo Astral que persiguen malévolos fines y que aparecen para desviar al aspirante.  Los maestros no son seres imaginarios sino reales; no son espíritus desencarnados del Astral ni voces misteriosas; no se comunican por la mediumnidad, la telepatía, ni en círculos espiritistas; no dictan cartas ni mensajes confusos para ser dados a la humanidad; no dicen al individuo cómo llevar su vida ni envían recados a otros acerca de su existencia personal; no trabajan para una sola persona solucionando los problemas de los encarnados.  Tampoco trabajan en exclusividad ni permanecen todo el día en el consultorio de ningún médico, astrólogo, terapeuta o curador.  Sus trabajos van más allá de estas tareas que corresponden a los humanos corrientes.  Sus misiones amorosas sobrepasan los límites de nuestra comprensión e imaginación.  Tampoco hay que confundir nuestra voz interna, el Maestro interior, la chispa de la llama divina, con la voz del instructor o Maestro de una Orden de Misterios y mucho menos, como muy comúnmente sucede a muchos presuntuosos, se debe confundir la voz de la naturaleza inferior, la falsa conciencia que se disfraza con la piel de oveja con la voz de un verdadero Maestro.  Muchos van por ahí, henchidos de vanidad, de orgullo intelectual tal vez creyendo hacer cuanto su maestro dice obedeciendo sólo a la voz de su egoísmo y de sus humanas pretensiones que le hablan desde el inconsciente.  Tales están más perdidos que aquellos que nunca oyeron nada.  "Por los frutos los conoceréis" dijo el Divino Instructor Galileo, pues ningún criminal, egoísta, sensual, vanidoso, carnívoro, vicioso, ambicioso, holgazán, materialista, presumido, mentiroso, miedoso o ladrón podrá encontrar un Maestro verdadero.  Ningunos de estos falsarios llegará a la Iniciación antes de redimirse.  Estos sólo obedecerán a sus bajos instintos o a pretendidos "guías" del bajo Astral que se identifican con las densas vibraciones de sus auras.  

    Antes de pretender encontrar la verdadera iluminación espiritual que pueden darnos los Divinos Instructores, debemos depurar nuestros cuerpos del lastre y nuestras almas de vanos deseos.  Tampoco los simples curiosos alcanzarán la meta Iniciática.


    El candidato al Sendero de Perfección debe preparar su mente mediante el estudio de alguna ciencia o de la filosofía superior para adquirir cierta capacidad de comprensión y análisis y el sano habito de la disciplina del pensamiento, así como la cualidad de la persistencia.  El aspirante debe además cumplir a cabalidad sus responsabilidades adquiridas con la sociedad en la cual vive y luego demostrar que los motivos que lo impulsan a recorrer la Senda Espiritual no son de poder, reconocimiento o enriquecimiento material.  Luego, debe desencantarse del fenomenalismo y del psiquismo y comprender que el desarrollo de la intuición, la clarividencia y el poder espiritual, son debidos a un largo entrenamiento esotérico y no son dones que se otorgan a ciertos elegidos, pues son una consecuencia y no una causa.  El que aspire al sublime conocimiento debe saber que a medida que aprende tiene una mayor responsabilidad de actuar en consecuencia con la sabiduría adquirida, colocándola al servicio de los demás, pues sólo quien da recibe.  También deberá mantener siempre una actitud mental constructiva y un carácter comprensivo que demuestra que acepta que el universo funciona con leyes justas y perfectas y que nada sucede al azar, desarrollando así una confianza absoluta en la Divina Providencia.  Quien se tome el trabajo de seguir paso a paso todos estos requisitos sin omitir ninguno, encontrará sin duda alguna el conocimiento que lo conduzca a los Templos de Sabiduría.  Primero tal vez encontrará algún Maestro al tiempo que comience a conocer y ampliar su poder espiritual.  Entonces comenzará a vivir verdaderamente y su existencia será dirigida por los dictados de su Espíritu, la Chispa de la Llama Divina, dejando de vegetar como muchos humanos, y su estancia en la Tierra tendrá verdaderos objetivos cósmicos.  El individuo realmente comprenderá el curso de la evolución y creerá en su corazón aquello que su lógica ha considerado y que la experiencia de su arduo desarrollo le ha mostrado, permitiéndole la expresión del Amor Universal.  Luego vendrá el Sendero de la Iniciación cuyos misterios están velados al profano y sólo se dan en los Templos Internos.  No pueden ser escritos en este libro pero se pueden tener la completa certeza de que quien trabaja para merecerlos los encontrará.

    Tú, amigo lector, ¿en cuál etapa del Camino te encuentras?.  Si aún persigues vanos ideales, el dolor será tu Maestro.  Si tu corazón abriga nobles objetivos espirituales y desde tu conciencia divina anhelas una vida verdadera, la Sabiduría y la Providencia de Dios vendrán en tu ayuda.  Entonces, sabrás que la Vida y la Muerte son una sola cosa, que el hombre y Dios se identifican en la Vida Una, que eres una célula viviente de la Vida Planetaria, una Chispa de la Divina Flama.

    ¡Rompe tu capullo Alma Divina y emprende tu vuelo de la Libertad!



del libro  "El Misterio de la Vida:  Antes y después de la muerte"
José Vicente Ortiz Zárate 


        transcripción de ehc/

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