viernes, 13 de febrero de 2015

EL MISTERIO DE LA VIDA


EL MISTERIO DE LA VIDA

La solución al enigma de la existencia se halla indudable mente tras el umbral de la muerte pues al saber con exacti­tud lo que sucederá una vez termine la vida en la Tierra conoceremos la razón por la cual vinimos a este mundo.

El materialismo sostiene que la muerte es el final del camino, desconociendo por completo la existencia del espíritu . y mostrando a los seres vivientes como el producto de la evolución de la materia que a través de sucesivas transfor­maciones fisicoquímicas llegó a constituir una estructura tan compleja como la del cuerpo del hombre a quien considera como la máxima inteligencia del Cosmos. Para el materia­lista sólo existe lo que sus sentidos perciben o lo que es medible por medio de aparatos diseñados por la humanidad. Según esta teoría todo el Universo está formado por átomos densos. Sin embargo. la mente humana lleva al hombre a convencerse de que la realidad es más compleja de lo que él puede comprender, y su sentir interior rechaza la idea de un mundo absurdo donde los seres existen por casualidad y evolucionan para llegar al aniquilamiento total. El sentido común muestra que el Universo es ordenado, inteligente, maravillosamente perfecto, y que en él todo movimiento obedece a una ley conocida o indeterminada. Cómo ante tal perfección podemos creer que el Cosmos avanza hacia la destrucción?. El materialismo no ha podido demostrar el origen del Universo a través de sus postulados así como el filósofo no podrá convencerlo de la existencia de Dios
mostrándolo en un instrumento. Según la ciencia ortodoxa todo comenzó con una gran explosión o Big-bang, hace unos diez mil millones de años, pero nada dicen los científicos acerca de lo que hubo antes del estallido ni de dónde surgieron los materiales que explotaron. Para ellos sería contradictorio admitir que la nada estalló y necesariamente han de aceptar que antes de la manifestación material existía por lo menos el espacio. Para el investigador espiritual, este Espacio es el Espíritu Universal de donde surgió el material para la construcción del Cosmos presente.

Si la vida humana fuera sólo un instante de tiempo entre el nacer y el morir, el oportunismo sería la ley predominante de la existencia en este mundo donde deberíamos aprovechar cada segundo en nuestro beneficio. No tendría sentido ningún plan de vida, ninguna igualdad, ninguna justicia. El único fin sería sobrevivir sin importarnos para nada lo que sucediera con los demás, pues de nada valdría el afanarse por lo que mañana tan solo será polvo. Sin embargo, los materialistas mismos rechazan tal desacierto inconsciente­mente y reclaman la justicia social. Además, si las condi­ciones de vida de una persona no son las mejores que desearía y su existencia sólo le trae dolor y sufrimiento, no sería mejor morir y acabar de una vez con tal martirio?. Un sano pensamiento se opone a tal medida, sintiendo el hombre una profunda necesidad de vivir en este plano físico pues es una realidad conocida el que la naturaleza dotó a las criaturas sensientes del llamado instinto de conservación.

Los testimonios de muchas personas de diferentes puntos del globo quienes tuvieron una aparente muerte causada por algún tipo de accidente, y que luego pudieron regresar a sus cuerpos para narrar como se veían desde fuera de ellos, termina de echar por tierra al materialismo, hoy por hoy agonizante y rumbo a perecer en el polvo de su propia teoría.

El entrenamiento esotérico que ha hecho posible el que muchos seres desarrollen la facultad clarividente, muestra que existen otros planos espirituales donde se desarrolla la vida y que el hombre no es sólo un muñeco de arcilla.

Por otra parte, el teólogo occidental soluciona a su modo el enigma de la existencia. El sostiene que la vida es algo más que un viaje desde la cuna hasta la tumba y añade que al momento de nacer un cuerpo, penetra en él un alma recientemente creada por Dios para animarlo y que al final de tan corta existencia, la misma divinidad que creó tal alma la juzga según las acciones vividas en este breve espacio de tiempo y le concede un premio o un castigo eternos. Cree en la existencia de un creador perfecto, justo, sabio y omnipotente. Cuando se le pregunta al teólogo el por qué de las desigualdades sociales y de las diferentes condiciones de vida de toda la humanidad, contesta que ésa es la voluntad de Dios. Así, vemos por doquier a los súbditos de las religiones que aceptan esta concepción buscando una explicación para la aparente injusticia de sus vidas, la cual se contrapone a la idea perfecta de la justicia divina. Según su doctrina, a un hombre que nace rodeado de comodidades, con los mejores padres y maestros, y que es educado de tal manera que se le aparta desde pequeño de todo vicio y ocasión de obrar mal. le espera un eterno cielo, en tanto que otro individuo que nace en el infortunio, rodeado de criminales, recibiendo por educación el ejemplo del vicio, y quien a lo mejor no conoció otro camino diferente al del oportunismo ilegal para sobrevivir, le aguarda el infierno por la eternidad. Los dos fueron creados supues­tamente por el mismo Dios pero esta deidad caprichosa colocó a uno en el sendero de la virtud y al otro en el camino de la perdición. Dónde están su sabiduría y su justicia?. Según el dogma del mismo teólogo unos nacen en perfecta salud y otros tal vez ciegos, sordos, idiotas o con cáncer, sífilis o inmunodeficiencia, por un capricho de la Voluntad Divina. El Dios en el que cree este hombre se complace en el sufrimiento humano y le brinda a cada ser un tiempo muy corto de experiencia para recibir un premio o un castigo eternos. Se nos dirá que esto no es así puesto que Dios tiene un plan de salvación pero sabemos que son muchos los seres humanos que no conocerían tal plan por no ser partidarios de esta doctrina o sencillamente por no tener conocimiento y entendimiento para comprenderlo como sucede aún en muchas regiones del planeta. A todos éstos, por ignorancia, les esperaría la perdición. En cuanto a los demás, los que siguen un Sendero de Santidad son realmente pocos porque la mayoría se dejan llevar por sus apetitos y buscan vidas de placeres mundanos, a pesar de conocer el plan de redención. Debemos creer que un Dios infinitamente perfecto concebiría un plan donde sólo se salvara una mínima parte de la población de la Tierra? Esto sería como admitir que es un maravilloso plan de salvamento enviar una lancha donde caben cuatro personas para rescatar a los sobrevivientes del naufragio de un gigantesco barco donde viajaban miles de personas.

La evidencia de la desigualdad de condiciones entre todos los seres humanos derriba la teoría teológica y exige una explicación más satisfactoria para la aparente injusticia pues no es fácil para nadie el creer que el ser rico o pobre, sano o enfermo, feliz o desdichado, constituya un simple capricho del Divino Hacedor a quien se le atribuye la perfecta justicia.

Ni el científico materialista ni el teólogo moderno dan una solución lógica al enigma de la vida. Cuál es entonces la verdadera historia? Qué estamos haciendo aquí?. Para responder a estos interrogantes debemos recurrir a la sa­biduría de aquellos que han logrado ver tras el Velo del Destino. Las almas más avanzadas de nuestra oleada de vida evolutiva algún día se hicieron estas preguntas y se lanzaron a la búsqueda del conocimiento que les permitiera develar los misterios. Descubrieron que para investigar las realidades espirituales eran necesarias unas facultades superiores a las de nuestros cinco sentidos corrientes y buscaron el camino correcto para el desarrollo de tales poderes. Se encontraron entonces con el Sendero de Per­fección y estudiaron en él las inmortales leyes universales. Vivieron vidas de rectitud y se capacitaron para adquirir en forma directa el conocimiento de los planos sutiles. Nos dejaron como legado sus enseñanzas, las cuales fueron ocultadas por los antiguos Maestros de Sabiduría para protegerlas de aquéllos que deseaban prostituirlas y tergiversarlas para adaptarlas a sus propios fines como lo hicieron algunas religiones que pretendían la subyugación de las masas. Ahora, estas verdades están al alcance de todos aquellos que estén dispuestos a recorrer el verdadero Sendero de Rectitud.

Al aproximarse la Era de Acuario, algunas de estas enseñanzas se han hecho públicas porque la humanidad ha avanzado una vuelta más de la infinita espiral de !a evolución y muchos más seres han alcanzado el derecho de conocer en forma consciente el plan evolutivo del Sistema Solar.

El misterio de la vida está tras el umbral de la muerte. Los Maestros de Sabiduría han enseñado desde siempre que la vida es una escuela de experiencia donde el hombre se capacita para lograr algún grado de perfección. El objetivo verdadero es el de convertirnos en seres creadores, desarrollando las divinas potencialidades que están latentes en nuestro interior, conociendo y aplicando las leyes de los mundos en los cuales evolucionamos ahora. Hemos existido desde siempre formando parte de una infinita totalidad a quien llamamos el Ser Supremo y nos hemos diferenciado dentro de él en la aurora de manifestación de este Universo que vive y palpita con nosotros. Cada criatura cósmica está hecha a imagen y semejanza de este gran Ser, de suerte que cada una de las partes es de la misma naturaleza que el Todo. Uno de sus atributos es el movimiento, el cual se constituye en una cualidad inherente a todo cuanto existe. Nada está quieto, todo se mueve, todo fluye. El movimiento ordenado se llama Evolución y nosotros como seres huma­nos estamos sujetos a ella por ser Ley Universal.

El Universo manifestado es una expresión de la Vida Una, la cual es incognoscible para el hombre terrestre, y los seres en manifestación se expanden en forma infinita por un proceso de diferenciación que hace que las partes tiendan a expresarse como el Todo. El Arquitecto del Sistema Solar quien para nosotros alcanza la categoría de una divinidad, es uno de esos seres en diferenciación activa y los seres humanos hacemos parte integrante de su proceso junto con otras Jerarquías de criaturas. El objetivo más cercano de nuestra vida en la Tierra es el de alcanzar cierto grado de per­feccionamiento dentro de un proceso que nos conduce a convertirnos en seres de una magnitud similar a la de tan excelso Ser, a través de la expresión consciente de los atributos divinos inconscientes de que goza cualquier enti­dad de la creación. Para realizar este trabajo, vivimos un Plan de Evolución, parte del cual lo constituye la vida en la Tierra.

Para comprender el proceso de la existencia terrenal y de la vida postmortem es necesario conocer la constitución real del hombre y la manera como están ordenados los aconteci­mientos de su proceso de aprendizaje. En el actual momento de la evolución el ser humano trabaja con varias clases de energías pertenecientes a diferentes planos o mundos del Sistema Solar, a saber: mundo Físico, mundo Astral o Emocional y mundo del Pensamiento. Estos hacen parte integral de nuestro sistema, el cual se subdivide en siete mundos o niveles de vibración de la energía cósmica que se encuentran interpenetrados en el mismo espacio y en los cuales evolucionan simultáneamente diversas Jerarquías de seres de diferente grado de desarollo. Los espíritus evolucionantes aprenden a manejar las energías cósmicas construyendo vehículos o cuerpos hechos de la materia o energía de los diferentes mundos pues es una ley real el que para que un espíritu pueda conocer y manejar la energía de un plano particular, debe poseer un vehículo fabricado con el material de esa parte del universo. Cada mundo o nivel vibratorio es en sí mismo bastante complejo y tiene sus propias leyes características. Cada planeta del Sistema Solar, al igual que el hombre, maneja la energía de los tres mundos ya mencionados y para trabajar en ellos, de acuerdo con la ley anteriormente enunciada, el hombre ha. construido durante millones de años varios vehículos de conciencia o cuerpos, a saber: para el mundo Físico, un cuerpo Físico Denso y un cuerpo Vital o Etérico; para el mundo Astral, un Cuerpo Emocional o Astral y para el mundo del Pensamiento un cuerpo Mental o Mente. El cómo fueron construidos estos vehículos pertenece a la verdadera histo­ria de la humanidad en pasadas épocas y períodos evoluti­vos de los cuales no trataremos en este libro. Bástenos con saber por ahora que actualmente poseemos tales cuerpos y que con ellos llevamos a cabo nuestra tarea evolutiva.

El mundo Físico es un poco más complejo de lo que la ciencia ortodoxa nos ha mostrado hasta hoy. Está consti­tuido por siete subniveles cada uno de los cuales tiene sus propias características y leyes, gozando sin embargo todos de principios comunes al mundo Denso. Estos siete estados de la materia pueden agruparse en dos regiones:

1. La Región Química: constituida por sólidos, líquidos y gases, ya estudiada ampliamente por la ciencia materialista.

2. La Región Etérica: formada por otros cuatro estados de materia más sutil denominados éteres y llamados por la ciencia espiritual: Éter Químico, Éter de Vida, Éter Lumínico o Luminoso y Éter Reflector.

Para investigar este mundo Denso poseemos dos vehícu­los de conciencia, uno para cada región: el cuerpo Físico, construido con sólidos, líquidos y gases, y el cuerpo Etérico o Vital formado por los cuatro éteres.

Más allá del mundo Físico, en un nivel de vibración supe­rior, encontramos el mundo del Deseo o Astral o Emocional, una región del Sistema Solar donde las emociones se expresan en forma de energías luminiscentes al igual que las formas se manifiestan en el mundo Físico. Este es un plano de luz y color siempre cambiante y para obtener experiencias allí el hombre posee un cuerpo Astral o Emocional o de Deseos, construido con energía de estas sutiles regiones.

Más allá del mundo de las emociones se encuentra el mundo del Pensamiento, donde se expresan las ideas en formas visibles en ese plano. Nosotros poseemos un cuerpo Mental o Mente para conocer ese nivel vibratorio del Sistema Solar.

Por encima del mundo del Pensamiento se hallan aún otros cuatro niveles de vibración pero en la presente etapa de evolución el hombre sólo trabaja en los tres planos enun­ciados y por eso nos referiremos solamente a ellos en detalle, pues es necesario que los conozcamos ya que es en ellos donde llevamos a cabo nuestras tareas en esta existencia terrenal y en la vida después de la muerte.

El Espíritu humano actúa desde el mundo del Pensa­miento y desde allí controla sus cuatro cuerpos inferiores a través de los cuales va obteniendo la experiencia y el conocimiento de las regiones más densas del Sistema Solar. Como nuestro objetivo es el de convertirnos en creadores en todos los planos que conozcamos, es necesario comprender absolutamente todas las leyes de esos mundos y eso es precisamente lo que hacemos durante la vida terrestre al trabajar con nuestro cuerpo Físico, con nuestra energía vital, con nuestras emociones y pensamientos. Debemos entender que un ser humano no puede convertirse en sabio en una sola vida puesto que con todo lo que hay que aprender, aunque sólo dedicáramos nuestra existencia a estudiar, no llegaríamos a dominar ni siquiera una sola rama de la ciencia ortodoxa. Y si además debemos investigar otros planos diferentes al Denso, de los cuales poco o nada sabemos, menos podemos aspirar a convertirnos en creadores en una corta existencia de noventa o cien años a lo sumo. La vida en la Tierra es la escuela de la experiencia y el Espíritu o Ego viene a ella una y otra vez para aprender sus lecciones así como un muchacho vuelve al colegio año tras año. Esta continuidad del ciclo vital es lo que expresa la Ley de la Reencarnación. Después de cada vida en la Tierra, el Espíritu va a los mundos sutiles para revisar, corregir y sintetizar la experiencia obtenida y después de cierto intervalo de tiempo regresa a su escuela, repitiendo este proceso durante muchas reencarnaciones hasta lograr el dominio de las Leyes Univer­sales que atañen a los planos en los que trabaja. Nuestra evolución en este Sistema Solar comenzó hace cientos de miles de millones de años y por aquel entonces obtuvimos experiencia en otros mundos o niveles vibratorios, apren­diendo a construir los vehículos que ahora poseemos. Nuestra tarea actual consiste en perfeccionar tales cuerpos para derivar de ellos el conocimiento obtenido en esta maravillosa escuela que es la vida. Hermana de la Ley de la Reencar­nación es la Ley de Causalidad o Ley del Equilibrio Universal o Ley del Karma, la cual regula el cumplimiento total de los principios universales, haciendo que las causas originadas por ciertos seres sean recibidas posteriormente como efectos por ellos mismos, facilitando al Ego la oportunidad de aprender a conocer los mundos que habita.

El paso entre una vida y otra sigue en esquema previa­mente trazado por el Divino Arquitecto del Sistema Solar y es eso lo que realmente constituye la vida después de la muerte. No es un proceso al azar sino un procedimiento sabio y perfecto que permite que todas las razas evolucionen. Antes de describir el camino que recorre un espíritu al morir es necesario familiarizarnos un poco con los vehículos y mundos con los cuales trabajamos pues ellos constituyen el medio y el espacio de acción de este gran aprendizaje. Estamos poco acostumbrados a hablar de nuestros cuerpos sutiles pero es indudable que todo ser humano puede reconocer que tiene un cuerpo Denso y una fuerza vital que lo mantiene vivo. También es fácil reconocer que tenemos emociones, deseos y sentimientos al igual que la facultad creadora del pensamiento. La forma, la vitalidad, la capacidad de sentir y el divino don de pensar nos acompañan desde la cuna a la tumba y es a través de ellos que sufrimos las diversas transformaciones que nos llevan a ser lo que somos aquí y ahora. La forma es la característica del cuerpo Físico, la vitalidad lo es del Etérico, el deseo del cuerpo Emocional y el pensamiento del Mental. Cada uno de los vehículos tiene diversas funciones en la economía de la vida y cada uno de ellos tiene cierto grado de complejidad y desarrollo, siendo el más perfecto el Denso y el menos evolucionado y más reciente el Mental. El misterio de la vida encuentra su solución en el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre y del mundo que habita. La visión clarividente nos revela toda esta realidad y nos muestra un Cosmos maravilloso donde todos los misterios pueden ser develados a su debido tiempo. La existencia humana es algo más que un simple viaje de la cuna a la tumba lleno de misterios indescifrables. Es más bien parte de un complejo proceso de perfeccionamiento donde todos somos a la vez aprendices, ejecutores y maestros de la gran obra de la evolución.
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del libro  "El Misterio de la Vida:  Antes y después de la muerte"
José Vicente Ortiz Zárate 


digitalizado por JMF12-2-15

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