viernes, 13 de febrero de 2015

El Cuerpo Etérico y la Región Etérica



El Cuerpo Etérico y la Región Etérica

La Región Etérica del mundo Físico esta conformada por las cuatro restantes regiones de este plano de existencia: éter Químico, éter de Vida, éter Lumínico y éter Reflector. Aunque no son visibles al ojo común, hacen parte de la materia del Universo y son estados superiores en vibración a los gases. Esta clase de sustancia es la avenida de expre­sión de ciertas fuerzas provenientes de planos aún más sutiles y que hacen posibles ciertos fenómenos en el mundo denso. El éter Químico permite la expresión de las fuerzas que hacen posible la asimilación, excreción. desarrollo y mantenimiento de la forma. El éter de Vida hace posible la propagación de las especies por la generación de nuevos cuerpos. El éter Lumínico permite la incorporación del fluido etérico solar al sistema nervioso del animal y del hombre, así como la percepción a través de los órganos de los sentidos. También hace posible el movimiento interno y externo. El éter Reflector es una sustancia altamente impresionable que permite guardar memoria de todo cuanto sucede en el Universo siendo allí donde algunos videntes negativos pueden ver el pasado. Este éter es utilizado por el cerebro para la expresión de la memoria.

Así como el Ego es capaz de especializar cierta cantidad de materia para construir un cuerpo Denso, así mismo se apropió de una parte de éter planetario para fabricarse un cuerpo Etérico. El mineral no posee tal vehículo individual aunque en él está activo el éter del planeta que vibra a través de todas las cosas densas. El vegetal posee un cuerpo Vital hecho de éter Químico y de Vida, teniendo además par­cialmente activo el éter Lumínico. El animal posee cuerpo Etérico en el cual ha incorporado los éteres Químico, de Vida y Lumínico, totalmente activos e individualizados. El hombre ha utilizado los cuatro éteres en la construcción de su vehículo Vital. La diferencia entre estos cuerpos en los cuatro reinos confiere ciertas propiedades a los unos que no son' poseídas por los otros. Así, por ejemplo, el éter Luminoso parcialmente activo en la planta facilita el movimiento de sus fluidos pero no la habilita para trasladarse de un lugar a otro como el animal y el hombre. El ser humano puede expresar el pensamiento y la palabra gracias a la acción del éter Reflector, en tanto que el animal y la planta carecen de éste y en ellos estas facultades son imposibles por ahora.

La Región Etérica es además una porción del mundo Físico que involucra una cuarta dimensión. Además del largo, ancho y alto, se percibe el profundo y cuando se adquiere la conciencia de este nivel también se obtiene la percepción del interior de las cosas.

En el Eter existen otras criaturas que no pertenecen a las oleadas de vida mineral, vegetal, animal o humano. De un lado están los Ángeles, Jerarquía superior al hombre, cuyos vehículos más densos son cuerpos Etéricos altamente espe­cializados, poseyendo además otros conformados por energías de niveles más altos en vibración. De otro lado están los llamados Espíritus de la Naturaleza que son enti­dades cuyos únicos cuerpos están hechos de sustancia etérica y los hay de diferentes clases de acuerdo con el tipo particular de éter que predomina en ellos. Los Gnomos o Trasgos y los más avanzados de éstos que son las Hadas tienen cuerpos formados principalmente de éter Químico. Se les conoce como Espíritus de la Tierra pues cada éter se corresponde con uno de los cuatro elementos básicos de la naturaleza: Tierra, Agua, Fuego y Aire.

Puesto que el éter pertenece al mundo Físico, los Espíri­tus de la Naturaleza trabajan con este mundo y con las criaturas que en él viven. Su obra es silenciosa para el que nada percibe pero es realmente maravillosa para el clarividente que posee la visión del plano Etérico. Los Gnomos trabajan con los sólidos del mundo Denso ayudando a la formación de rocas, cristales y cuerpos en los cuatro reinos. Las Hadas prefieren trabajar casi en forma exclusiva con las flores. Las Ondinas y Sirenas tienen cuerpos forma­dos principalmente de éter de Vida y trabajan el elemento Agua. Viven cerca de las fuentes naturales, ríos, lagos y mares, trabajando con ellos y con los líquidos de los cuerpos Físicos. Las Sílfides o Silfos están conformados principalmente de éter Reflector, trabajan con el elemento Aire y gobiernan todas las corrientes de los vientos, así como los gases en los vehículos Densos de los cuatro reinos. Las Salamandras son los espíritus del Fuego y están allí donde toda llama sea encendida. Viven preferencialmente en los volcanes y luga­res ígneos, sus cuerpos son de éter Lumínico especialmente y trabajan sobre las energías solares que vivifican los nervios de hombres y animales y producen el calor de la sangre.

Los Espíritus de la Naturaleza trabajan bajo la regencia de los Ángeles pero obedecen con facilidad a la voluntad de otros seres superiores a ellos y que conozcan la forma de establecer contacto.

Los Ángeles son expertos constructores de cuerpos Vitales así como el hombre es experto en la construcción de cuerpos Físicos. Por lo tanto, trabajan con todas las fuerzas vitales de la naturaleza y son los guardianes de las simien­tes de vida de la planta, el animal y el hombre, manejando las fuerzas de generación. Hacen una labor muy especial con las plantas y algunos de ellos les sirven de Espíritus Grupales velando por la evolución de los inconscientes y aún no individualizados espíritus vegetales. Otras clases de Ángeles actúan como Espíritus Guardianes de las familias humanas, y todo hombre antes de los siete años tiene un Ángel Guardián que vela por la correcta formación de su cuerpo Vital, protegiéndolo muchas veces en la adversidad. Las formas que a veces adoptan esta clase de seres se parecen a las humanas, solamente cuando se establece una comunicación con ellos debido a que el Arquetipo base del Sistema Solar es el del Hombre Divino. Su apariencia natural es esférica, radiante como la de las estrellas. Igualmente, otras Jerarquías y Espíritus de la Naturaleza tienden a tomar formas similares a las del humano por la misma razón.

Los Ángeles están regidos por Jehová, el Supremo Ángel, conocido como el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento de la Biblia. Esta Jerarquía trabaja desde los satélites de todos los planetas del Sistema Solar transfor­mando en fuerza de vida la energía proveniente del sol que es reflejada allí. El ciclo lunar se corresponde con el ciclo de fecundidad de la mujer debido a que son los Ángeles quienes trabajan con las simientes de vida. Todo ser humano que desarrolle la visión etérica por una especialización del nervio óptico puede observar a estas miríadas de seres que habitan las regiones etéricas del planeta.

Parte de la oleada de vida angélica que se rezagó en su evolución hace algunos millones de años la constituyen los llamados Espíritus Luciferes. Estos, aunque un poco más atrás que sus hermanos, viven también en la misma región etérica y siguen siendo una Jerarquía superior al hombre. Los luciferianos se rebelaron ante Jehová y se negaron a seguir sus designios dando al hombre un conocimiento de libertad que aún no debía recibir. Algunas medidas fueron tomadas por las Divinas Jerarquías con el propósito de equilibrar su influencia y fueron arrojados de las lunas planetarias debido a que actuaron con propósitos egoístas. Se les confinó en el planeta Marte, desde el cual actúan polarizando el hierro como metal que haga posible el respirar el oxígeno del aire. Muchos de ellos se reintegraron al trabajo con los Ángeles actuando sobre los gérmenes de vida en tanto que otros llevan consigo la espada de la muerte, liberando al espíritu del hombre cuando llega el momento de desencarnar de este plano físico. Sin embargo, aunque enseñaron al hombre el uso egoísta de la fuerza de genera¬ción sin tener en cuenta las influencias cósmicas y aunque siguen siendo instigadores de otras acciones egoístas, colaboraron con el plan de evolución del hombre ayudando a su debido tiempo a la construcción del cerebro y la laringe, y siguen siendo seres de Luz puesto que pertenecen a la oleada de vida angélica y no son seres tenebrosos como los quiso hacer ver la religión en aquellos tiempos en los que el temor era el anzuelo para ganar subditos y para mover la sensibilidad humana hacia ideales superiores. Muy pocos Ángeles caídos persisten hoy en día en su actitud de rebeldía capitaneados por Satán, el acusador, instigando acciones de maldad, en tanto que la mayoría de los rezagados se han reincorporado al plan evolutivo dirigidos por Lucifer, el Hacedor de Luz. Las acciones negativas dirigidas por los satánicos son al fin de cuentas una forma de probar el temple de bien que existe en lo profundo del espíritu como chispa de la llama Divina. Aquellos que ceden a sus tentaciones, caerán bajo el yugo del dolor y así purificarán su alma, viendo algún día surgir la semilla de la bondad en sus corazones, pues todo en la evolución trabaja para el bien el cual es una cualidad de la Divinidad, y aún los seres más perversos son criaturas divinas.

Así. en el plano Etérico encontramos a los Espíritus de la Naturaleza, quienes trabajan con los cuatro reinos del plano Físico; a los Ángeles que trabajan con ellos y con las elevadas emociones humanas, y a los luciferianos que trabajan con las ígneas pasiones. Con la materia de esta región etérica el hombre ha construido durante millones de años un cuerpo Etérico cuya función principal es la de especializar la fuerza vital del Sol para promover las actividades de la vida humana. Cada uno de los éteres del fluido vital transmite al cuerpo ciertas facultades especiales. El Éter Químico le da la capacidad de asimilar el alimento y excretar las sustancias de desecho, así como la capacidad de crecer. El Éter de Vida permite la propagación. El Éter Lumínico lo capacita para producir calor, percibir el mundo externo a través de los sentidos y tener movimiento exterior y de fluidos internos. El Éter Reflector permite al Ego expre­sarse por medio del pensamiento y da al cerebro la ca­pacidad de archivar las experiencias por medio de la memo­ria. El fluido etérico proveniente del Sol penetra al cuerpo Vital a través del bazo, estando conformado dicho vehículo órgano por órgano en forma similar al Físico con excepción del sexo el cual es contrario. En el bazo etérico. el fluido solar se distribuye a través de los nervios a todo el cuerpo, y una vez ha sido utilizado es irradiado hacia afuera en forma de rayos perpendiculares. El cuerpo Vital sobresale de la super­ficie del Físico y en las personas de gran vitalidad y espiritua­lidad emite cierta cantidad de luminosidad que resplandece. Es esta energía etérica la que comunica la fuerza de vida a la materia que constituye la estructura de nuestro cuerpo Denso. El objetivo de este vehículo Vital es el de reconstruir segundo a segundo los tejidos destruidos por la actividad del hombre. Cuando se goza de excelente salud, el cuerpo usa poca energía etérica y ésta sale al exterior en grandes cantidades, sirviendo de barrera contra muchos agentes patógenos que podrían contaminarnos. Igualmente expulsa del interior del organismo muchos agentes tóxicos que lo envenenan. Hoy en día, con el descubrimiento de la cámara Kyrlian es posible fotografiar las irradiaciones iridiscentes del cuerpo Vital en los diferentes órganos del vehículo humano. Los rayos solares transformados por el cuerpo Etérico pueden ser recibidos directamente o reflejados por la Luna o los planetas. Los rayos recibidos directamente del Sol penetran por el cerebro etérico y dan iluminación espiritual. Los rayos planetarios son recibidos por el cerebro y la espina dorsal y dan moralidad, inteligencia y crecimiento anímico, y los reflejados por la Luna son los que absorbe realmente el bazo etérico y dan crecimiento físico y fuerza vital. Las energías cósmicas llegan al hombre a través de su cuerpo etérico y fluyen por él mediante una serie de canales denominados meridianos, de los cuales hay doce especiales por donde circulan las fuerzas reflejadas de los doce signos del zodiaco y que son bien conocidos por los que trabajan con la milenaria ciencia de la Acupuntura. Además, el vehículo Vital tiene ciertos centros magnéticos de especialización de la energía llamados chakras que actúan como emisores re­ceptores y transformadores de corrientes cósmicas. Existen en el cuerpo siete chakras principales y veintiún chakras se­cundarios a través de los cuales se distribuye la energía cósmica del Sol para la economía de la obra del espíritu. Hay además, en la espina dorsal del cuerpo Etérico. tres canales principales que transforman tres fuerzas provenien­tes de los tres más grandes atributos del Arquitecto del Sistema Solar y que se conocen como los rayos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El correcto uso de las energías cósmicas a través de estos canales o Nadis confieren al hombre poderes evolutivos especiales que hoy por hoy no están al alcance del vulgo debido a que la mayoría de la humanidad no ha alcanzado el suficiente desarrollo espiritual que le permita manipular estas energías especiales. Su control queda limitado a los Iniciados en los Misterios de la humanidad, quienes van a la vanguardia de nuestra oleada de vida.

Así como puede escribirse un tratado de anatomía que describe las completas funciones del cuerpo Denso, puede escribirse una anatomía y fisiología del cuerpo Etérico pero el objetivo de este libro no es ése en particular y por eso se da tan solo un ligero bosquejo.

Finalmente, es importante recalcar la acción del éter Reflector en el vehículo Vital del hombre, ya que el en­tendimiento de este mecanismo nos permite comprender. parte del proceso postmortem.

Así como en la cámara fotográfica el éter deja una impre­sión exacta del paisaje, de igual manera el éter que está en el aire que respiramos lleva a la sangre una película exacta de todo cuanto ocurre a nuestro alrededor y en el interior de nosotros mismos (la sangre es el producto más elevado del Cuerpo Vital). De allí, estas impresiones son grabadas en el éter Reflector para servir como memoria exacta de la vida, después de que el hombre abandone su cuerpo al morir, pues el éter Reflector es la base de la memoria subcons­ciente del hombre.

Como síntesis del cuerpo Etérico. existe un átomo locali­zado en el bazo de este vehículo, el cual contiene la suma total del conocimiento referente a él y que es conservado por el espíritu vida tras vida. Es el llamado Átomo Simiente del cuerpo Etérico y cuyas fuerzas, al igual que las del átomo simiente del cuerpo Denso son llevadas a los mundos sutiles después de la muerte.

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del libro  "El Misterio de la Vida:  Antes y después de la muerte"
José Vicente Ortiz Zárate 


digitalizado por JMF12-2-15

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