jueves, 12 de febrero de 2015

EL SENDERO DE LA VIDA



EL SENDERO DE LA VIDA 


Así como el cuerpo Físico tiene cierto tiempo de incubación que 

culmina con la ruptura de la placenta y su liberación al mundo 

Denso, de igual forma todos los demás vehículos tienen su tiempo 

de gestación y liberación. Cuando un niño nace, estamos asistiendo 

tan solo al alumbramiento del cuerpo Físico, pero los demás 

vehículos permanecen dentro de sus placentas cósmicas. El tiempo 

de incubación y nacimiento de cada uno de sus cuerpos depende 

de su antigüedad evolutiva, la cual marca la experiencia del espíritu 

en su construcción. El Cuerpo Denso fue el primero adquirido en la 

historia de la evolución del ser humano en este sistema solar. 

Posteriormente lo fue el cuerpo Etérico, luego el Emociona! y por 

último el Mental, que es la más reciente adquisición. Los primeros 

cuerpos desarrollados corresponden a las energías más densas, 

más fáciles de controlar por nosotros ahora, y los cuerpos más 

nuevos son de energías más sutiles sobre las cuales tenemos 

menor dominio. 

El cuerpo Mental es el más reciente y del cual conocemos menos 

siendo apenas una nube de energía inorganizada. Su incubación y 

construcción comienzan primero y demoran más tiempo, en tanto 

que el cuerpo Físico es aquél sobre el cual tenemos mayor control y 

por lo tanto su gestación comienza de último y termina pronto, 

siendo el primero en nacer pues la sabiduría inconsciente del 

Espíritu puede reconstruirlo a una velocidad sorprendente. 

En realidad el nacimiento es un proceso cuádruple: tenemos cuatro 

alumbramientos, pues cada cuerpo nace en sucesivos períodos de 

aproximadamente siete arios, demarcados por ciclos lunares. Al 

comenzar la vida en la Tierra nace el cuerpo Denso; a los siete 

años aproximadamente nace el cuerpo Etérico; alrededor de los 

catorce años nace el cuerpo Astral y hacia los veintiún años 

alumbra el cuerpo Mental. Las actividades verdaderas de cada 

cuerpo comienzan en estos períodos. Las aparentes funciones en 

estos vehículos en edades anteriores son debidas a la actividad de 

los cuerpos planetarios que se expresan a través de las placentas 

de los vehículos en incubación. Cada cuerpo necesita además 

ciertos períodos de desarrollo. En el presente estado evolutivo cada 

vehículo se desarrolla en cuatro etapas de siete años 

aproximadamente. El cuerpo Denso nace a la entrada a la vida y 

madura a los veintiocho años. El cuerpo Etérico nace a los siete 

años y madura hasta los treinta y cinco. El cuerpo Emocional nace 

a los catorce y madura a los cuarenta y dos. y el Mental que nace a 

los veintiuno madura hacia los cuarenta y nueve. 

Al momento del llamado nacimiento todos los vehículos se 

encuentran interpenetrados entre sí con el Ego en su interior, pero 

no son totalmente activos. Ninguna de sus cualidades positivas está 

en funcionamiento en tanto que las cualidades pasivas o negativas 

están superaumentadas. Los cuerpos planetarios hacen de matriz 

para todos los vehículos y las actividades positivas se ven 

estimuladas gracias a ellos ayudando así a su maduración. La 

asimilación, facultad activa del Éter Químico del Cuerpo Etérico, es 

muy especial en el niño gracias al cuerpo Vital terrestre. La 

excreción, facultad pasiva, está descontrolada. La capacidad de 

propagarse inherente al Éter de Vida está latente, en tanto que la 

excreción de fluidos correspondiente al mismo éter está 

descontrolada. La pasiva función de 

percepción sensorial debida al Éter Lumínico está superaumentada 

en tanto que su función positiva de calentar la sangre y manejar la 

circulación es debida al éter Luminoso planetario. Las actividades 

del Éter Reflector, están igualmente trastornadas. Su función 

positiva que permite la expresión del pensamiento está latente en 

tanto que la función pasiva de percepción y grabación esta 

activada. Los niños son clarividentes y pueden ver los mundos 

sutiles en los primeros años de vida. 

Con el cuerpo Astral ocurre lo mismo. Las propiedades pasivas 

están presentes haciendo al niño super sensible al dolor físico, en 

tanto que las cualidades positivas que permiten sentir ciertas 

emociones están ausentes. La aparente emotividad infantil es 

temporal siendo reflejo del cuerpo Astral Planetario que dota al niño 

de una energía fantástica que le permite moverse constantemente. 

La mente está también parcialmente activa. Su cualidad pasiva que 

hace al niño enseñable en alto grado está super aumentada 

mientras que el positivo pensamiento original está casi ausente. 

Todas las facultades latentes al nacer van madurando y 

manifestándose en el transcurso de los períodos septenarios. 

A los siete años nace el cuerpo Vital el cual es liberado de la matriz 

planetaria, rompiendo su placenta de éter. Entonces madura el Éter 

Químico y el niño controla la asimilación y la excreción, y comienza 

una etapa de rápido crecimiento, cualidades exclusivas de este 

éter. Este proceso acelerado de aumento de talla no se detendría si 

a los catorce años no naciera el cuerpo de Deseos que refrena al 

Vital. 

Al nacer el Astral se libera de su placenta del mundo del Deseo, 

marcando el período de la pubertad donde las 

emociones juegan un importante papel en la vida, determinando 

casi por completo las actividades diarias. Al mismo tiempo, a la 

edad de catorce años, madura el éter de Vida del cuerpo Etérico 

que capacita al individuo para la procreación hacia la cual siente un 

poderoso impulso interior al nacer la atracción por el sexo opuesto. 

Es también la época de sueños e ilusiones. En este período 

septenario la actividad mental aumenta pero aún no se debe a una 

manifestación externa de la mente del individuo sino del mundo del 

Pensamiento Planetario que actúa a través de su cuerpo mental en 

incubación nutriéndolo para llevarlo a su nacimiento el cual ocurre 

hacia los veintiún años cuando rompe su cubierta placentaria 

permitiendo al individuo la expresión del pensamiento 

verdaderamente original por el contacto real entre los vehículos y el 

Espíritu. Esto se hace mediante la acción del Éter Luminoso del 

cuerpo Etérico que madura justo a esa edad gobernando el corazón 

de tal manera que controle la temperatura y circulación de la sangre 

que puede ser llevada en una diferente forma al cerebro para la 

actividad pensante. En la infancia el niño tiene frecuentes 

descontroles de temperatura e igual le sucede al adolescente en el 

cual unos grados de más le producen el desenfreno emocional y 

una disminución de calor le lleva a la depresión y la apatía debidos 

a que en este período septenario es el cuerpo de Deseos el que 

gobierna. La sangre es una esencia muy peculiar gobernada por el 

Eter Lumínico, y a través de la cual el Espíritu trabaja 

especialmente sobre sus vehículos, siendo la conductora de fuerzas 

sutiles importantes. 

El fluido sanguíneo es dirigido por el Espíritu hacia el lugar activo en 

un momento determinado. Va a la cabeza si se trabaja 

intelectualmente, al estómago e intestinos durante la digestión, a los 

músculos durante el ejercicio físico, etc., pues es la conductora de 

los éteres que reconstituyen y fortifican el cuerpo Denso, así como 

del oxígeno que vitaliza 

los órganos, al canalizar el fluido solar, y del alimento que lo nutre 

físicamente, llevando además los residuos a los órganos de 

excreción. El Éter Luminoso controla el calor de la sangre pues 

cada Espíritu sólo puede funcionar a cabalidad dentro de sus 

vehículos a una temperatura determinada adecuada a su vibración 

particular. Si es muy alta o baja, el Ego es arrojado fuera de sus 

cuerpos. Por eso, en la fiebre las personas deliran y en los accesos 

de ira están fuera de sí perdiendo el control; la vergüenza ¡lace 

sonrojar al individuo cuya sangre fluye en exceso al cerebro y lo 

sobrecalienta paralizando el pensamiento; el temor hace que el 

fluido vaya al plexo solar, la temperatura descienda y la sangre "se 

hiele" en las venas deteniendo el habla, el pensar, los músculos, 

etc.; y el frío excesivo puede causar pérdida del control e 

inconsciencia. 

El calor apropiado a la sangre es controlado perfectamente cuando 

madura el Éter Luminoso y nace la Mente a los veintiún años, y la 

serenidad y el equilibrio pueden mantener el pleno control del 

individuo sobre sus vehículos. A los veintiocho años madura por 

completo el Éter Reflector estabilizando el proceso de expansión 

propio del cuerpo Etérico y deteniendo el proceso de crecimiento de 

estructuras en el cuerpo Denso. La capacidad de transmitir 

experiencias del mundo físico al plano del Espíritu entra en plena 

actividad e inicia el comienzo de la vida seria. Durante este período 

septenario, el planeta Saturno vuelve a ocupar el mismo signo 

zodiacal en el cual estaba al nacimiento y su influencia impele al 

hombre a asumir las responsabilidades de su propia existencia, 

apartándose probablemente de su casa paterna, buscando la 

formación de su propio hogar y participando de la vida social. En 

este período, los vehículos del hombre han nacido todos y el cuerpo 

Etérico que conecta al Denso está completamente maduro 

permitiendo la real expresión del Espíritu humano en el plano 

Físico. A los treinta 

y cinco años termina la maduración del cuerpo Astral y el Ego es 

impulsado a un nuevo cambio de vida. De los cuarenta y dos a los 

cuarenta y nueve años, la Mente madura por completo y el hombre 

llega al máximum de mentalidad permitiendo la completa expresión 

del poder de la Voluntad interior. Entonces, al haber cumplido siete 

períodos de siete años, el Ego tiene la posibilidad de una máxima 

manifestación de sus facultades. 

Cada etapa septenaria va marcando cambios fundamentales de 

acuerdo con los procesos de nacimiento o maduración de los 

vehículos pues son éstos los que realmente producen las conocidas 

manifestaciones y tendencias que se operan al término de la 

primera infancia, comienzo de la pubertad, juventud, edad adulta, 

etc. 

El grado de conciencia es aumentado en cada una de estas etapas. 

Así, puede decirse que el nacimiento del cuerpo Denso nos da una 

conciencia mineral, el nacimiento del Etérico una conciencia 

vegetal, el alumbramiento del Astral nos trae una conciencia animal 

y el nacimiento mental nos despierta a la conciencia humana. 

Al cumplirse el cuarto período septenario el ser humano ha 

recapitulado sus primitivos períodos de evolución y entra en la 

verdadera vida, comenzando a vivir realmente y habiendo sido los 

años anteriores de repaso, preparación y adaptación a las nuevas 

condiciones de encarnación. El mismo Jesús El Cristo comenzó su 

vida pública después de este cuarto período de siete años, ya que 

al culminar éste el Espíritu alcanza el mismo nivel de conciencia 

que tenía en su encarnación pasada. 

El movimiento del Sol, la Luna, y los planetas a través de los signos 

del Zodíaco va marcando el momento preciso para 

el desarrollo de los diversos acontecimientos planeados antes de 

venir a la nueva vida, de tal suerte que cada encarnación en la 

Tierra es un proceso completamente organizado por el Espíritu 

donde cada situación implica una lección por aprender. Si nuestro 

poder de Epigénesis nos lleva a cambiar el rumbo, por sucumbir a 

los embates de la naturaleza inferior, transgrediremos leyes 

naturales que nos traerán Karma futuro y de paso nuestros 

vehículos se deteriorarán más rápidamente, cristalizándose en 

exceso. Este proceso puede acortar la vida del Arquetipo y hacer 

que disminuya el tiempo de encarnación. Si por el contrario, nuestra 

voluntad nos impulsa a obrar correctamente y a aprender nuestras 

lecciones con sabiduría, nuestros cuerpos se mantendrán 

saludables y longevos y la vida del Arquetipo podrá ser prolongada 

para aprender lecciones adicionales, aprovechando la utilidad de la 

presente encarnación. 

Así, la vida transcurre hasta que finalmente la muerte nos 

sorprende cerrando un nuevo ciclo de experiencias al haber 

recorrido una vuelta más de la espiral evolutiva. 

Este proceso se repite muchísimas veces, siendo la existencia 

terrenal la escuela de la experiencia. Un Espíritu encarna, en 

condiciones normales, dos veces durante cada era zodiacal, una 

vez como hombre y otra vez como mujer, para tener experiencias 

en los dos sexos durante la misma influencia estelar. Cada era dura 

unos dos mil cien años, de tal suerte que cada encarnación ocurre 

mas o menos cada diez siglos o mil años. 

Debido a las tensionantes condiciones de las pasadas guerras 

mundiales y a los presentes enfrentamientos en todo el globo, 

muchos Egos han sufrido muertes traumáticas, perdiendo total o 

parcialmente las experiencias de sus vidas, lo cual obliga a tener 

renacimientos sucesivos en forma 

rápida. Esto explica el aumento de la mortalidad infantil en las 

últimas décadas y también aclara el por qué algunas 

investigaciones científicas revelan que muchos sujetos han tenido 

encamaciones seguidas en tiempos muy cortos. 

Hoy en día, muchas personas recuerdan sus encarnaciones 

anteriores, especialmente cuando niños. Indudablemente los más 

aptos para hacerlo son los seres más evolucionados o aquéllos que 

en sus vidas anteriores murieron antes de los catorce años, debido 

a que vuelven a nacer con sus antiguos cuerpos astrales pues si un 

ser humano muere en la infancia aún no ha nacido su cuerpo de 

Deseos, y lo que no nace no puede morir. Estos cuerpos 

emocionales contienen parte de la información acerca de la 

encarnación que pasó, lo que trae en la vida presente algunos 

vividos recuerdos. Sin embargo, la mayoría de los seres humanos 

no recuerdan nada de su vida anterior debido a que han de- 

sarrollado muy poco Éter Lumínico y Reflector en su cuerpo Vital, 

los cuales son el asiento de la percepción y de la memoria. Tales 

éteres constituyen el llamado Cuerpo del Alma o Dorado Vestido de 

Bodas que se conserva vida tras vida. En las personas más 

avanzadas estos éteres sobresalen de la periferia del cuerpo denso 

y dan al aura un brillo resplandeciente característico. Algunos 

pintores clarividentes expresaron esta realidad en sus cuadros de 

santos y vírgenes y de ahí vino la costumbre de colocar un halo de 

luz alrededor o sobre las cabezas de seres virtuosos. 

Cada pensamiento, palabra, deseo y acto de un ser humano revela 

lo que hay en su interior y es un reflejo exacto de su estado de 

evolución, de tal forma que hasta el cuerpo humano es un 

condensado de fuerzas cósmicas en el cual se puede hacer una 

lectura perfecta del nivel evolutivo. Todo lo que tenemos, todo lo 

que está a nuestro alrededor, ha llegado allí porque cada ser 

humano lo ha atraído y porque 

es lo que necesita tener para su desarrollo en este momento. Todo 

individuo es un sembrador de semillas y a la vez un recolector de 

frutos de su trabajo en pasadas vidas. La ley de causa y efecto 

permite que la siembra sea voluntaria pero hace de la cosecha una 

obligación. En cada instante de nuestra existencia estamos 

labrando nuestro destino futuro. Tenemos poco o ningún poder 

sobre las causas generadas en el pasado pero gozamos de una 

gran libertad en cuanto al futuro, gracias al poder de la Epigénesis. 

Cada cosa que nos ocurre está revestida de la más perfecta 

justicia. El que reniega de su vida hace el mismo papel del que 

lanza improperios contra su imagen en el espejo. Nosotros mismos 

decidimos antes de venir aquí todo lo relacionado con nuestro papel 

en la vida, nuestra pobreza o abundancia, nuestra familia y país, y 

hasta el color de nuestra piel. Escogimos a los seres que hoy nos 

rodean para ser nuestros compañeros de faena. Toda abundancia y 

grata compañía nos llega por Darma y toda carencia o enemistad 

por Karma. Ese es el misterio de la vida. 

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del libro  "El Misterio de la Vida:  Antes y después de la muerte"
José Vicente Ortiz Zárate

digitalizado por JMF12-2-15

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