EL COMPLEJO JUEGO DE LA MANIPULACIÓN
El egoísmo, nota clave predominante del común de
la humanidad, ha utilizado la mente humana, la ha viciado, creando en ella
sistemas especiales de manejo de información, conducentes al beneficio propio
y, la mayoría de las veces, sin importar si los demás salen perjudicados. La
mente del humano moderno ha sido entrenada en la idealización, en la planeación
anticipada de la vida, sin contar con el plan original del Espíritu para esta
encarnación, esbozado antes de su nacimiento. Tenemos sueños firmemente
arraigados en nuestra mente amaestrada, propósitos fijos, que creemos tan necesarios para la felicidad, que hemos
creado mecanismos de protección que nos impiden salirnos de nuestro programa de realizaciones mundanas. La
mayoría de los humanos son fanáticos de sus propios sueños y deseos, y lucharán
por ellos hasta la muerte. Están tan convencidos de que su paradigma es el
mejor, que han creado un complejo mecanismo para tratar de cumplir con sus
propósitos a como dé lugar. Este dispositivo mental funciona, la mayoría de las
veces, sin que el operador sea consciente de ello.
Nuestro subconsciente, esa parte aparentemente
olvidada de la mente, ese misterioso almacén de información, el cual no queremos ver pero hace parte fundamental del
equipo mental, y que genera el automatismo, es tan fluido como el
resto de nuestras energías. Una de sus habilidades es la de resonar con el
subconsciente de los demás y con el llamado inconsciente colectivo. Esto
equivale a decir que, sin que la consciencia de un individuo lo sepa, su mente
tiene acceso a la de los demás, aunque la manera en que devele los archivos
ajenos no sea traducible a un lenguaje de palabras o cifrado. El sistema parece
funcionar mediante la detección, por parte del inconsciente, de una serie de señales que el mismo puede identificar,
debido a que en forma natural las usa. Cada señal tiene un significado
particular, que le permite saber como está reaccionando una persona en una
situación dada. Para comprender esto, es necesario saber que cada movimiento
mental, emocional, energético, cada sensación interna, generan una cascada de
eventos biológicos, de sutiles cambios hormonales, enzimáticos y de
neurotransmisores, esas maravillosas sustancias químicas de las que se vale el
sistema nervioso para enviar y recibir información, con el fin de tomar las
medidas necesarias para la adaptación y la supervivencia. Por ejemplo, una
sensación angustiante genera una descarga adicional de adrenalina, una hormona
suprarrenal que prepara al músculo para la defensa, el ataque, la agresión y la
carrera. Esto hace que seguramente el músculo demande más glucosa de la sangre,
para lo cual tal vez sea necesaria una dosis extra de insulina, una hormona
pancreática que facilita el desdoblamiento de azúcares, con el fin de generar más altos niveles de glucosa en la
sangre etcétera. El músculo es particular punto de respuesta
sensitiva, y genera en el cuerpo peculiares movimientos, gestos y
sensaciones energéticas que son característicos de cada tipo de emoción y
pensamiento. Cada uno de nuestros vehículos tiene un lenguaje, dado por
su reacción frente a nuestras sensaciones, que es bien conocido por el subconsciente, ya que hace parte de
nuestra programación genética. Es así que, para saber cual fue la impresión
recibida por una persona en una situación dada, al subconsciente le basta con
leer el lenguaje corporal, en especial el gestual, y la expresión verbal, no tanto ateniéndose a la letra como
al tono de la vocalización, aunque nuestra mente consciente no tenga ni una
mediana idea del asunto. Durante la diaria relación, el inconsciente hace
repetidas lecturas de una persona dada, y va haciendo su propio archivo, hasta
que sabe como reaccionará un sujeto frente a la mayoría de las diarias
situaciones: sabe qué le agrada o le desagrada, qué le genera placer o dolor, conoce sus debilidades y sus
puntos fuertes. Con esta información, el egoísta sabe como manejar las
situaciones, de acuerdo con su propia conveniencia. En realidad, cualquier ser
humano está en capacidad de hacerlo sólo que el ególatra lo utiliza para acomodarlo todo de acuerdo con
sus pretensiones. Además, poco a poco va descubriendo conscientemente el código, y trata de disimular sus propias
reacciones para tergiversar la lectura que otros hacen de él, aunque esto en
realidad es extraordinariamente difícil pues, aunque la mente lo desee, el
cuerpo no sabe mentir, ya que, si traicionara sus propios códigos genéticos, el
resultado sería el caos y la destrucción consecutiva de éste. El buen observador no puede ser engañado por la falsa
palabra, pues todo disfraz del cuerpo se torna
transparente.
El manipulador sabe leer perfectamente tu
cuerpo. De hecho es muy buen observador. El examina bien el tono de tus
respuestas, la expresión de tus ojos, los gestos de tu rostro que acompañan a
cada palabra, o que se dan como silenciosa respuesta, tus movimientos finos y
gruesos, tu tranquilidad o inquietud, y en el momento oportuno usa su voz, sus
movimientos, sus gestos y toda su energía, para enviarte mensajes de
subconsciente a subconsciente, manejando tus emociones. El sabe cómo mover tu
dolor o tu compasión; posee la capacidad de ponerte alegre o triste; sabe cómo enojarte para hacerte perder
energía; él conoce cómo intimidarte, y hasta chantajearte, porque sabe tus secretos; él te demuestra, silenciosamente,
que descubrió una manera de tener acceso a tu intimidad, y entiende el efecto que cada una de sus palabras y
acciones produce en tu interior.
Los manipuladores existen por doquier. Son los
conductistas de la humanidad, y por lo general tienen un séquito de esclavos
sicológicos que les sirven, de buena o mala gana, pero prisioneros de sus
manejos sutiles. Usan tus deseos para obligarte a hacer cosas para ellos, bajo
falsas promesas; manejan tus temores para conducirte por sus caminos y
explotarte económicamente; se sirven de tus falencias
y debilidades para hacerte caer en trampas psicológicas, y trabajar para ellos.
Todo el tiempo usan tus riquezas mentales, emocionales y físicas, y utilizan también tus defectos, tu agresividad, tu
egoísmo, tu lujuria, tus anhelos de placer y tus creencias para manejarte a su
antojo, aun sin que lo percibas. Son aprovechados y altamente egoístas. En el fondo tienen una gran inseguridad
y están siempre necesitando de los demás, porque padecen de una gran necesidad
de reconocimiento. Viven perdidos en la ilusión de la separatividad y se
sienten huérfanos en la soledad. Son incapaces de surgir por ellos mismos,
porque desconfían de sus capacidades. Eso los hace ambiciosos, ya que no tienen en realidad logros personales. Todo
les ha sido dado siempre por los demás. Son como zopilotes engalanados con
plumas de pavo real. En la mayoría de agrupaciones humanas, movimientos,
escuelas filosóficas y religiosas, encontramos un buen número de manipuladores,
y un gigantesco séquito de partidarios,
humanos de grandes debilidades sicológicas y carencias, que creen aún que
alguien pueda llenar sus vacíos y guiarlos realmente hacia el sendero de la
liberación.
La mayoría de los seres humanos, incluso tú, son
o han sido manipuladores, buscando lo que no logran alcanzar por sí mismos,
como bebés que fastidian con el llanto, hasta lograr lo que quieren, o como
chicos lisonjeros que engalanan al ego, para luego pedir un deseo a la
personalidad envanecida. La manipulación es de hecho un uso incorrecto de la
habilidad de lectura del inconsciente. Esta destreza fue el método original de
aprendizaje, antes del advenimiento contagioso del raciocinio, de la aparición
del lenguaje hablado, y
mucho antes de la domesticación
conductista, que frenó la originalidad, y la percepción real
y personal de lo existente. Esta es una maravillosa destreza que deberíamos
poner en ejercicio, con miras a romper el cristalizante hábito de la represión,
y la ilusión de la intimidad, pues al hacerla consciente nos daríamos cuenta de
que, fácilmente, todos los seres humanos
tienen acceso a nuestro cofre de los secretos. Tal vez así aprenderíamos el
arte de ser transparentes, honestos y coherentes.
El mecanismo de lectura del subconsciente es ya
una herencia racial, una riqueza adquirida en nuestro caminar existencial. Pero
aún así, la mayoría de los seres humanos no son conscientes de él. Esto hace
que el automatismo sea implantado fácilmente, y que la destreza sea utilizada
para manipular, aún en forma inconsciente. Es prudente revisar si en realidad estamos
usando correctamente la facultad, sin violar la libertad de alguien o, por el
contrario, somos manipuladores. Y también es sensato considerar si estamos siendo maniobrados por alguien, situación bastante frecuente en
esta actual humanidad. Esto último denotaría que, siendo esclavos de alguna
persona, agrupación o creencia, vamos caminando en contravía de la senda de la
libertad. En este sentido, no hay que dejarse engañar, pues los manipuladores a
veces te dan un poco de aquello de lo que careces, generalmente afecto o
reconocimiento, para ganarse tus favores y subyugarte, tal como lo hace un
amaestrador con un animal de experimentación, o con una mascota de circo de la
que desea un reflejo condicionado.
La manipulación, en los tiempos actuales, ha ido
más allá. No contentos con las obligaciones reales de cada individuo, cada día
se crean nuevas necesidades artificiales, es decir, te convencen de que tienes
una nueva escasez que satisfacer, para luego ofrecerte
aquello que complace tu insuficiencia. El mundo mercantilista está lleno de
hábiles maniobradores que hacen esto, manejando tu subconsciente con
hilos invisibles. Lo hacen tan hábilmente que luego te preguntas: ¿Cómo había
podido vivir sin esto?
Los propagandistas y vendedores son expertos fabricantes de necesidades.
La pericia del subconsciente, el cual es tan
sólo un rincón de la mente, para leer la información de otros seres humanos, es
una cualidad aplicable a la obtención de información proveniente de cualquier entidad. La lectura tiene que ser directamente
energética, y con la respuesta biológica o material frente a
una situación particular. Para esto es necesario aguzar los sentidos, y hacerse
un observador de señales. La naturaleza habla al
hombre a través de sutiles signos que éste a veces ignora,
por creer que el único método de aprendizaje y comunicación es el que él usa.
En su ególatra posición, el humano se cree la criatura más inteligente del
cosmos, ignorando la Inteligencia Universal. Se le olvida al homo sapiens que
es él quien es hijo de la Vida Una, y no lo contrario. La inteligencia ha existido previamente a la aparición de la
humanidad. La Inteligencia Universal es una cualidad intrínseca del Cosmos, que
compenetra a todo lo existente. Es una propiedad natural, que tiene sus propios
lenguajes y comunicación.
Cada cosa existente tiene una innata habilidad
para captar y transmitir información, debido a la cualidad de infinito de que
goza. El hombre aún tiene una larga lista de códigos de información para
develar. Para ello es necesario que elimine, por caduco y cristalizante, el
viejo hábito de razonar, que lo hace esclavo de informaciones de memoria
previas, y le impide el acceso a nuevos archivos.
de: LA AVENTURA INTERIOR
“La búsqueda interior implica la desmitificación del yo, la ruptura con todos los antiguos paradigmas acerca de la naturaleza humana, el descondicionamiento de los modelos socioculturales y una gran osadía para el cambio.”
Jose Vicente Ortiz Zarate
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