sábado, 26 de octubre de 2013

LA INTELIGENCIA DIVINA UNIVERSAL



LA INTELIGENCIA DIVINA UNIVERSAL

  
Una sencilla pero profunda observación, no condicionada, de lo que existe, nos permite corroborar que la Naturaleza posee una extraordinaria sabiduría, un fantástico orden, del cual no podemos más que aprender. La ciencia misma basa sus postulados en una minuciosa investigación de lo que existe, tratando de encontrar los mandatos que rigen a la materia y a la energía, acercándose poco a poco al descubrimiento de las inmutables leyes de la creación, aquellas que siempre se cumplen, sin excepciones, como la del movimiento.
El hombre, el descubridor, ve ese orden universal y se sorprende de él, atribuyéndolo el científico al azar, en forma inexplicable y no menos asombrosa, pero reconociéndolo. Sin embargo, cuando se trata del ser humano, parece que olvidamos que tan precioso orden también nos cobija. Pensamos que tan sólo la materia, todo aquello que tiene forma es lo que goza de esa cualidad.
Los acontecimientos son catalogados como el producto del azar por algunos. Otros dicen creer en el destino, en un itinerario trazado previamente por todo aquel que recorre el camino de la vida. La mayoría actúan como si el mundo fuera un escenario de eventos, que se suceden por capricho de alguien o de algo. El sufrimiento, que acompaña a la mayoría de los seres humanos, y la ausencia de paz interior, son una prueba de ello. Vivimos en constante zozobra, temiendo constantemente que nos ocurra alguna cosa que aumente nuestra infelicidad. Los creyentes de algunos sistemas bastante numerosos, suplican con frecuencia a la Divinidad para que modifique éste o aquel acontecimiento, según sus deseos, esperando ser satisfechos en sus caprichos, a fuerza de insistencia. En el mundo se oye permanentemente un rumor de queja frente a las circunstancias actuales, y se aprecia un sentimiento de injusticia, de ser víctimas de una serie de acontecimientos, pertenecientes a un programa de vida que tal vez no nos corresponde. La soberbia del hombre le hace creerse diferente de los demás seres de la Naturaleza, lejos del orden universal.
Los acontecimientos de la vida se precipitan de acuerdo con leyes precisas, obedeciendo una maravillosa programación de la Inteligencia Universal. Cada cosa que nos ocurre, es el resultado de muchas fuerzas que se encausan para que podamos aprender algo que necesitamos, en nuestro proceso de crecimiento permanente. Lo que ocurre, es lo más inteligente que nos puede suceder, es la mejor vía para la obtención de nuestra próxima lección, no importa si la mente lo clasifica como bueno o malo, como feliz o desgraciado. Debido a que confiamos tanto en la memoria, nos cuesta creer que nuestro destino obedezca al resultado o efecto de nuestras acciones. No podemos ver, con ordinarios sentidos, lo que ocurre antes de nacer o después de morir. La memoria corresponde sólo al lapso de tiempo que hay entre esos dos eventos, y la mayoría descartan toda posibilidad de existencia consciente fuera de ese periodo, como si fuéramos entes surgidos de la nada en un instante, o criaturas provenientes únicamente de la evolución biológica, mediante un sistema que caprichosamente se detuvo al llegar al hombre, en su variedad homo sapiens, una curiosa criatura que parece no haber avanzado desde su aparición. La civilización tan sólo es un maquillaje de nuestra primitiva condición aún no superada. Si teletransportáramos a un hombre de Cromagnon, nuestro ancestro de las cavernas, y le diéramos una buena educación, vestido moderno y un buen corte de pelo, bajo las actuales condiciones, se convertiría en un ciudadano, que fácilmente pasaría  desapercibido.
El destino de todo ser humano, como el de cualquier cosa, es una ruta trazada sabiamente por la Naturaleza, en la que, a través de decisiones permanentes, nos movemos en un itinerario de probabilidades, que permiten una libre elección de posibilidades de eventos, todo lo cual está regido por leyes inmutables, en las que no caben las excepciones. Antes de nacer, cada individuo se traza un plan de vida, de acuerdo con sus necesidades de expansión y crecimiento. Hemos elegido tres maneras de aprender:

1.   El camino de la Voluntad, que no debe ser confundido con el del deseo, es el método de los seres más sabios, y consiste en conectar la voluntad humana con la Inteligencia Universal, confiando plenamente en que nada que no esté en nuestro programa de merecimientos y necesidades nos ocurrirá. Implica un uso permanente e inmediato de nuestra capacidad de decidir, evitando a toda costa la inercia. Por este sendero, actuamos por decisiones inmediatas, frente a cada acontecimiento, seleccionando aquello que creemos es lo mejor, sin preocuparnos sobre el acierto o el error. Esta es una ruta de iluminación en la que somos guiados internamente. Pocas personas adoptan este método.
2.   El camino del Amor. La fuerza de atracción se convierte en una fuente de motivación. Los sentimientos actúan poderosamente en este sendero, y nos impulsan a crecer, añorando la felicidad, la dicha, el logro de una compañía armónica, la protección, etc. El corazón se convierte en la guía. Este es un sendero de interiorización, en el cual aprendemos a contemplar la vida desde nuestra faceta emocional positiva.
3.   El camino del Dolor, el cual es la alternativa final. Si no hemos logrado obtener nuestras lecciones por los dos anteriores, nos vemos abocados a una vida llena de obstáculos, situaciones complicadas, pérdidas, privaciones, enfermedades, etcétera. Esta es una senda de exteriorización, en la cual las circunstancias nos obligan a involucrarnos. La vida parece tomar todas las determinaciones por nosotros, o nos presiona a escoger decisiones dolorosas, pues hemos renunciado con anterioridad al ejercicio de la voluntad, o la hemos usado en contra de la ley natural. A su vez hemos renunciado a la vía amorosa, eligiendo seguramente el placer, por encima de los derechos naturales de las demás criaturas. Este sendero, en el cual está involucrada una alta dosis de sufrimiento es, curiosamente, el más elegido por los seres humanos.


Durante la vida podemos cambiar de método de aprendizaje si así lo deseamos. Obviamente, si transitamos por la vía dolorosa, hemos de aprender a amar, a cooperar, a ser solidarios, para salir de ella y alcanzar el sendero del amor. Y si deseamos hollar el camino de la voluntad, es necesario vencer nuestros apegos, renunciar a toda vana ilusión y buscar nuestra conexión con la Inteligencia Universal. Cada camino tiene su propio método y hemos de aprenderlo previamente.
Cada vez que nos sentimos tristes, deprimidos, irritados, resentidos, dolidos, presas del sufrimiento, en realidad nos negamos a aceptar la realidad. Nuestro estado emocional es el resultado de sentirnos frustrados, porque las cosas no nos han salido como esperábamos. Nos sentimos víctimas de una gran injusticia, como si la Inteligencia Universal se hubiera olvidado de nosotros. Nuestra soberbia nos hace creer que en nuestro caso personal ha habido un error, y elevamos nuestras voces de protesta.
Todo sufrimiento cesa cuando se comprende que lo que ha sucedido ocurrió a la criatura adecuada, en el lugar preciso y en el tiempo exacto. No hay error. Si la naturaleza ha empleado un método drástico es porque no hemos aplicado más que a este procedimiento, y es solamente por esta vía que se obtendrá un avance, un aprendizaje del que carecemos. La Inteligencia Divina Universal contempla todas las posibilidades y siempre nos ofrece la mejor, no importa si nosotros la llamamos buena o mala, dichosa o desgraciada. El quejarse sólo significa que creemos saber más que la sabia Naturaleza.
El reconocimiento de la Sabiduría de la Naturaleza, esa faceta manifestada y perceptible de Dios, implica aceptación de nuestro propio destino. La Voluntad Divina no permite que ocurra nada que no deba suceder, a ninguna criatura. Esta aceptación no significa una renuncia, ni es una pasiva resignación. No implica que no debamos decidir, ni nos invita a la inercia. Por el contrario, de acuerdo con la Ley del Movimiento, cada momento de la vida requiere de una decisión para seguir adelante. Un obstáculo, una pérdida, no son más que señales de la vida para que revisemos nuestro itinerario o cambiemos de dirección. Si nos empecinamos en ir en contravía, o en derribar muros que no caen, no podremos ver todas las oportunidades y caminos que la Inteligencia Divina nos ofrece como alternativas.

Es mejor aprender de la Sabiduría de la Naturaleza. Si observamos la manera en que las aguas de un río hacen su recorrido, desde su nacimiento hasta llegar al mar, donde mueren para transformarse y volver a recorrer otros lechos, veremos cual ha de ser la actitud frente a los obstáculos. Las aguas no se complican. Siempre evaden aquello que no pueden derribar y descansan cuando la pendiente no les es favorable. Son raudas, veloces cuando pueden, fuertes, siempre buscando el mejor camino y sin perder la búsqueda del mar.

de:  LA AVENTURA INTERIOR  

“La búsqueda interior implica la desmitificación del yo, la ruptura con todos los antiguos paradigmas acerca de la naturaleza humana, el descondicionamiento de los modelos socioculturales y una gran osadía para el cambio.”

Jose Vicente Ortiz Zarate

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